El Rating es Democracia

En 1922 se inauguró “Radio Cultura“, que fue el primer medio privado en vender publicidad. Es decir, fue el primero en interesarse en el lucro a través de los medios de comunicación. Al día de hoy, todos los canales (con muy pocas excepciones) tienen una pauta publicitaria que están trazados en proporción directa con el rating que hacen. Lógica pura, no vale lo mismo 10 segundos de publicidad en un programa con 50 puntos de medición, que uno que tiene 3.Por eso el Rating es tan importante para cualquier gerente de programación, así como de cualquier conductor o panelista mediático.

Siguiendo la linea de razonamiento, si los contenidos se construyen en función del rating (lo que pasa en casi todos los programas), se puede inferir que el rating es una herramienta democrática; es la que nos dice qué es lo que la gente quiere ver.

Tal vez ilustraría a más ciudadanos que saquen a Gran Hermano del aire y pongan documentales sobre las ideas de Marx, los conceptos filosóficos de Platón o la obra de Levi-Strauss acerca de la diversidad cultural. Pero lo cierto es que no están ahí porque a los televidentes no les interesa verlo. Lo que está es lo que la audiencia consume, lo que da rating y apenas la gente se aburra, habrá otra cosa bien puesta para llamar la atención de la audiencia.

En lo personal, me encantaría que los diarios desde la primer letra hasta la última sombra toquen temas de relevancia social. La situación ferroviaria (ya habrá una entrada exclusiva) sin duda alguna, no es de menor importancia, sin embargo escuché esta semana un comentario que desencadenó en el texto que están leyendo: “Que te van a pasar de los trenes, si el periodismo solo habla de Juanita y Lousteau; tienen a la gente pelotudizada con eso”.

Entonces por este medio respondo:

Yo llamo periodismo “pauta-dependiente” a aquel que es intervenido por la ley del rating, que sin importar su relación con el gobierno, necesita vender; no le interesa si “pelotudiza” o no a la gente con la información que trata. Para colmo ese periodismo, el más visto de los periodismos, no hablará ni más ni menos que de aquellos temas que atraigan la atención del ciudadano común, es decir cumplirá la ley del rating.

Y si hay que reclamar, no es al periodismo ni al rating, es a la misma sociedad y su educación; que sigue consumiendo contenidos que lejos de hacernos más sabios, nos atrofian el cerebro.

Quedará el tópico para pensar, obligatoriamente el periodismo necesita hacerse de auspiciantes para tener horas de aire. Indefectiblemente esos auspiciantes ejercen presión sobre los contenidos (si me auspicia McDonals no podré hablar mal de la comida chatarra).

¿Es posible pensar en un periodismo independiente? Así como los valores artísticos no pueden entrar en la ley de la oferta y la demanda (si los museos ingresaran en esa ley, a falta de consumidores, morirían) ¿Es imposible pensar, en que el estado subsidie espacios para desarrollar el periodismo independiente?¿O también coaccionarían a los supuestos programas?

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