Fusce in urbem

Fascinante, palabra que transmite novedad. Tal vez esa es la actitud en la cual nos coloca al oírla. Escuchamos: “¡Fascinante!”, y nos preguntamos… ¿Cuál es la novedad ahora?

(…)‘Por algún extraño motivo, al subir al tren coloco mi mano sobre la billetera, arriba del vagón, vuelvo a constatar que mi billetera – junto a mis pocos billetes – sigan ahí, en el bolsillo delantero. No obstante, mis ojos no se desprenden de la lectura en ningún momento.

<señoras y señores, vengo a presentarles un producto de> difícilmente pueda continuar concentrado en el libro entonces me decido a introducir el separador en el libro <excelentísima calidad, perfecto para la cartera de la dama> y saber que al finalizar ‘el episodio’ continuaría con el concepto ‘benjaminiano’ que trataba de consolidar, entonces tan solo me resigno a esperar. ’(…)

No es una realidad en la cual nos detengamos a observar, pero durante la mayor parte del día estamos expuestos a cientos de estímulos externos, que no nos permiten llegar a estar concentrados.

Walter Benjamin es quien relacionó esta realidad con la situación que vivimos a la hora de ver una película en el cine. Supongamos que un film tiene 90 minutos de duración, si mi razonamiento es correcto, estamos expuestos a 129.600 estímulos distintos durante la película, que solo provienen de la pantalla.

No podremos contemplar ninguna imagen, porque al abocarnos a una, rápidamente (24 fotogramas por segundo) aparecerá otra distinta. Así se genera el fenómeno de la distracción, y es el hombre quien utiliza el cine como “instrumento de entrenamiento”. Es decir, en el cine, no sucede nada que no suceda en cualquier otro espacio de la vida urbana contemporánea” donde los valores de la inmediatez y la fugacidad son los dominantes. Donde uno difícilmente pueda atender algo durante un largo o mediano período de tiempo.

Se puede interpretar que así como un jugador de fútbol se entrena para jugar (en el entrenamiento patea 100 veces la pelota, para patearla 15 en el partido); no es sino en el cine donde nos entrenamos para sobrevivir mediante tanta cantidad de estímulos.

Por lo visto, está más que explícito por qué los hombres no podemos pensar en lo esencial de la vida, en las cosas importantes. Después de todo, este pensador, como algunos otros de su misma escuela, trataban de explicar por qué los hombres sometidos socialmente, seguían concurriendo a su trabajo…

¡Fascinante!, digo después de tener acceso a estos textos, que debaten temas de tal magnitud. Si nos imaginamos que estas lineas fueron escritas en 1936… ¿Qué diría Walter Benjamin acerca de la televisión?

Escucho tantas veces… “estoy disconforme con mi trabajo, voy a buscarme uno nuevo” y años más tarde, me encuentro con la misma persona que ni siquiera ha ido en busca de otro trabajo. Acaso, ¿será demasiado pedir, que entre tantos estímulos, tantas pulsiones que nos condicionan, atendamos temas importantes?



Ahora entiendo la estrofa: “Se fue Siddharta, al vacío, y volvió siendo El Buda”. ‘Buda’, que significa Despierto, atento; no le quedó más remedio que migrar para llegar al auto-conocimiento existencial. ¿Se podrá ‘despertar’ entre tantos mecanismos que funcionan para mantenernos dormidos?

¡Fascinante! Entre tantos apuntes universitarios, siento olor a libertad…

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