Más poderosos que Tito Esperanza

Muchas veces escuchamos a los periodistas decir: “Lo más interesante quedó fuera de la nota”. Por eso es fundamental la existencia del 2.0 para contar todo el color y sudor que hay atrás de una publicación. Algunas notas me han parecido del montón, pero al leer las cosas que hay detrás se vuelven imperdibles. Acá va una de las historias, de tantas, que quedaron detrás de la nota sobre El Cucho, publicada en perfil.com.
Como se dijo anteriormente en Fronesis, cumplí una doble funcion en el pueblo. Me encontraba por un proyecto solidario, en el cual llevamos ropa, juguetes, zapatos; en una gran cantidad de cajas. Ahí nos dedicamos a realizar tareas recreativas con los chicos de la escuela, y a la noche reclasificamos todo, para entregar la ropa con mayor precisión para cada familia. Por otro lado me encontraba llevando adelante una serie de entrevistas y averiguaciones sobre la problematica cruda del poblado.

El Cucho es un pueblito rural donde hay Vacas, Toros hasta Lagartijas y Víboras. Cualquier cosa se cruza en el camino. “Víboras no”, ése era mi límite. Se acercaba el día viernes y me tenía que ir del pueblo. No podía irme sin tener una filmación del cartel principal. Eso haría que la aclaración del lugar que estoy mostrando, aparezca en el video sin tener la necesidad de agregarsela con edición. Pero, por supuesto, el poteño de edificio no quería ir solo. ¿Por qué?

En mi experiencia anterior, caminando con una pueblerina, me dijo “ésta marca en el suelo es una huella, una huella de serpiente”… “¿Me estas diciendo enserio?, ¡volvamos!” para ése momento ya estaba pálido.. “no es para que te asustes” me dijo, “seguro que ya agarró a algún sapo y se metió al monte de nuevo”. Ni más ni menos, terminé caminando por el medio de la ruta, agarrado de la mano de Rosa, así podía estar atento a su aparición y ella podía protegerme rápido. Caminamos hasta que llegué a la casa de Adela Farfán y pude hacerle la entrevista. La serpiente no dio señales de vida… ¡Ya la voy a ir a buscar!

Ahora me faltaban los carteles y la entrada. Obvio, necesitaba alguien del lugar que quiera ir conmigo. La mayoría de los adultos trabaja mañana y tarde, entonces no me quedó otra. Alguien se tenía que enfrentar con las víboras si aparecían, entonces fuí y busqué a los más poderosos. A esos qué si vivieran en Buenos Aires, serían guarda espaldas de Ricardo Fort.

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