Los tiempos del cine antiguo

Por Juan Ignacio Coda | El cine antiguo, ¿por que huirle? ¿Es que no tienen valor esas imágenes en movimiento tomadas hace más de 50 o 70 años? Es sabido que el grueso de la sociedad (y quizás el lector también, no lo culpo) hoy prefiere films de los denominados “estrenos televisivos” que pasan por televisión los fines de semana. La cantidad de veces que puede ser visto un film al año (si alguien pudiera contarlo) como It’s a beautiful life  (Qué bello es vivir) (1946) de Frank Capra es casi nulo si lo comparamos con la cantidad de veces que se ve, por ejemplo, Shrek (2001). Todo esto teniendo en cuenta la notable actualidad que aún posee el film de Capra. La pregunta (aunque ya sospechemos algo) es ¿por qué?

Lo que se suele escuchar si uno pregunta es quizás compartido y conocido por muchos: “El cine “viejo” (usualmente en blanco y negro) es aburrido, lento, monótono, no sorprende y es ingenuo en sus argumentos, personajes, giros y vueltas.”

Lo que nos hace despreciar u olvidar lo pasado es en general un espíritu lucrativo en el que se encuentran sumergidos muchos films de hoy en día
, un ámbito en el que se lucha, sin importar cómo, por ser el primero en ser presenciado. Se han cambiado ritmos, formas y maneras de contar en el lenguaje cinematográfico de distinto tipo, variedad y clasificación técnica. Lo que la gran mayoría de todos estos cambios tienen en común es una cosa: la búsqueda por ganar la mayor espectacularidad, cosa que aplicado en la realización de films actuales terminó por olvidar fuertemente la historia que se pretende contar. Esto no seria un problema si no fuera llevado a un extremo, podrían coexistir el cine que muestra “momentos gratos a los ojos” y cine que cuenta historias, o mejor aun, una combinación entre ambos. Como resultado esta tendencia a no contar historias sino a mostrar momentos se termina por crear un público más, como los empresarios del arte dirían, “demandante” de ese tipo de formas narrativas. Lo que nos genera es un deseo inalcanzable de ver más y más imágenes en movimiento perdiendo su carácter de conformantes de una historia. Todo esto pensémoslo en reilación al ritmo de urgencia permanente en que parecen vivir las sociedades actualmente. Lo que nos muestra el cine es la continuidad de ese ritmo en una pero a la vez en todas las sub-esferas sociales, es decir, al deber estar en armonía con la vida que se lleva el cine hace todo su esfuerzo por correr a la par de las ciudades, de los autos, los trenes, de los ajustados horarios de trabajo, la interminable cantidad de programas televisivos, Internet, celulares, computadoras, mensajes de todo tipo, en resumidas cuentas, la velocidad de la luz aplicada a la comunicación en cualquiera de sus formas.
Lo que sabemos es lo que se ha dicho, pero ¿Entender a nuestra sociedad, a sus realizadores cinematográficos o a su público es agachar la cabeza “al futuro” o a “lo que se viene” sin más? Se nos han dado efectos especiales, escenas de disparos, acción, ritmo pero a la vez nos han quitado del alcance de la mano formas del cine antiguo. ¿Por qué un film mudo debe causar risa en la gente al ser mencionado? ¿Es que acaso no se leen libros escritos hace más de 500 años, cuál es el problema con ver un film de hace solo 80? Se nos ha hablado siempre de un progreso lineal de la “calidad cinematográfica” y se convirtió en algo creíble cuando vino acompañado de las tecnologías electrónicas, pero eso no quiere decir que no se pueda extraer nada de un film mudo, que deba sea visto como cosa de niños o como algo superado por el pensamiento y la experiencia.
La principal traba del presente es no disponer de la visión que se requiere del cine antiguo para poder concebirlo como lo que es y para quién fue hecho. Es decir, si los integrantes de nuestra sociedad de hoy en día no transitaron durante la formación de su personalidad y no cuentan dentro de sus experiencias previas al modo narrativo del cine antiguo tampoco podemos pretender que lo vean como se lo concibió en su origen. Pero aquí es que deseo revelar mi propuesta: Hay algo más de lo que nos podemos hacer para enfrentarnos a creaciones culturales distintas a las de nuestro tiempo, eso son las expectativas frente a lo desconocido por llamarle de algún modo. Teniendo en cuenta que estas expectativas podrían determinar fuertemente todo lo que percibamos durante los minutos que estemos sentados frente a la pantalla quiero acercar la visión que se tenia del cine antiguo en sus años de auge. Creo que nos ayudaría tenerlas presentes para sentarnos a ver un film de cine antiguo sin levantaros a los 20 minutos decepcionados por la falta de interés que nos genera.
El elemento más fuerte del cine antiguo que es olvidado hoy en día es la historia que se cuenta. Pensemos en la gente de la década del 30’, 40’ y 50’yendo al cine, actividad por sabido grupal y que se realizaba con mucha más frecuencia que hoy en día. Lo que se iba a ver era una historia olvidando dónde se encontraban y sin apreciar el fenómeno de la proyección de imágenes sobre un fondo blanco como algo sorprendente en si mismo sino maravillándose por el poder de un medio para “embotellar” cuerpos, movimientos, tramas, personajes y, llegado su momento, diálogos que solo en un libro podían vivir hasta el momento con tal coherencia. Pero claro, el cine contaba con un lenguaje mucho más próximo al cotidiano. En el cine de aquellas décadas se olvidaba, muy convenientemente debo decir, el estar viendo a un personaje, se veían seres tan vivos como las personas que  hace unos instantes les habían vendido los boletos para entrar en la sala. Era inimaginable una frase de las que hoy abundan como “no me da miedo, ya sé que es una película”. La gente se asustaba, reía y lloraba como lo hacia en su casa. Se pensaban las situaciones en una sintonía mucho más fuerte con la de los personajes, se pensaba por ellos y se vivía su situación. Se entendían los ritmos (hoy llamados “lentos”) porque, al no ver un film sino que un pequeño recorte de la vida de ciertas personas, se convenía con la narración que en la vida, tanto de los espectadores como de los personajes,  los sucesos no se nos vienen encima como avalanchas sino que hay procesos más largos o más cortos pero cada uno necesita su tiempo apropiado.
Por eso es que propongo ver cine antiguo con los ojos para los que fue pensado, para vivir a los personajes y no pedirles acción desenfrenada, seguir esa pretensión seria seguir el camino de la separación total del arte con la vida y el de ver cada vez más personajes que personas, de ver más construido que verosímil. Para ver cine antiguo no debemos pensar en un “programa” de los que hoy se nos viene a la cabeza como el de una salida con amigos al cine porque seria una idea que no se corresponde a una “salida con amigos” de la década del 40’, nos toparemos con otro ritmo seguro y en verdad está más en nosotros que en el film el que nos agrade. Desde ya puede que, como dije, el cine antiguo no nos agrade y estamos en nuestro total derecho de que nos suceda, a la gente en los 30’, 40’ y 50’ también les sucedía, pero este artículo no está motivado por el fin de lograr más vistas de films de cine antiguo sino ayudar a quien se sienta inseguro o quiera comenzar a ver otro tipo de cine destinto al actual, un cine que sea una ventana a otro mundo y que nos haga olvidar, en el apurado y artificial clima en que vivimos, que ha sido actuado y montado para nosotros .

3 opiniones en “Los tiempos del cine antiguo”

  1. Me gustó la propuesta! Se me ocurre que la cuestión se bifurcó: en un principio la gente iba al cine para sorprenderse de los avances de la técnica y, a la vez, “espiar” un trozo de la vida de otras personas como si fuera real. Hoy estos dos deseos avanzaron pidiendo más y más hasta que necesitaron tomar caminos separados: se ven las películas para maravillarse de los efectos técnicos y los reality shows para espiar la vida de los otros.
    Saludos, muy interesante el post.

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