LA CULTURA BAJO LA MIRADA CUANTI-COMPETITIVA

Por Juan Ignacio Coda | ¿Siempre existe lo mejor? ¿El mejor amigo? ¿La mejor comida? ¿La mejor novela? ¿La mejor canción? ¿El mejor automóvil? ¿El mejor futbolista? Existe un ranking para casi cualquier cosa, poco escapa a la clasificación “cuanti-competitiva”. Quien haya utilizado Internet u hojeado una revista sabrá que constantemente estamos viendo las famosas 5 estrellitas de puntuación contándonos la opinión o la votación de la mayoría, la crítica o las estadísticas.
Es lógico que nuestro modo de clasificar y recortar la realidad sea similar entre las distintas partes que componen nuestras vidas, pero el problema llega cuando nos convertimos en especuladores cuanti-compulsivos frente a lo que sea que tengamos delante.
Todo es probado al rigor del número, de la estadística, de la puntuación y del ranking. Claro que debemos aplicarlos a la economía, a las matemáticas y a estadísticas censales pero en nuestras sociedades existe un creciente acostumbramiento a los números o rankings para calcular o expresar nuestro parecer ya sea para con relaciones personales, favoritismos de distinto tipo y, aún más preocupantemente, en el arte. Las descripciones cualitativas para describir nuestras preferencias están en decadencia y, cuando las hay, se cargan de palabras cada vez más vagas para cubrir espacios.
Para partir de un razonamiento certero podemos sostener sin exagerar que la competencia insita al perfeccionamiento de muchas cualidades humanas forzándolas a cuadrar bajo una misma escala, es decir, comparándolas, midiéndolas. Sin embargo, simultáneamente, la competencia unifica, limita y selecciona unidades distintas bajo criterios de clasificación comunes.
Desde ya que la clasificación y las mediciones en sus más variadas escalas son prácticas y hasta curiosas para ser aplicadas a muchos elementos de nuestra cultura, pero su doble significación en relación a su carácter de elemento competidor de entre muchos perjudica al libre juicio de las personas y a fomentar las carreras innecesarias hacia “Ser el más…”
¿Qué perderíamos de seguir ubicando  todo en la escala numérica, en el podio o en el ranking? Perderíamos su unicidad, de ser el poseedor de un sentido y de características únicas, aunque no extremas. Perderemos la unicidad en nuestros gustos, en nuestra sensibilidad, en nuestro juicio, perderemos todo esto porque aquello que deseamos no es capaz de alcanzar los extremos.Podríamos preguntarnos absurdamente ¿Cuál es el mejor?

Justamente la primera característica que deberíamos hacer surgir es la de su unicidad, la cual, no casualmente, es igual en todos. Cada uno es tan único como el otro y posee su valor en si mismo y no en relación a su ubicación en ninguna escala. Pero claro, sin relaciones que nos orienten ¿Quién será el que juzge su valor? Precisamente será la persona y no la competencia entre valores numéricos.

PERIODISTA-CAMARERO: TODA UNA CRISIS PROFESIONAL

Es periodista pero trabaja 11hs en un bar para poder pagar el alquiler. En un cortometraje retrató sus procupaciones laborales, “¿soy periodista o camarero?”.

Semanas atrás realizó un cortometraje contando su historia. “Nacho” se recibió de periodista. Es la actividad que lo apasiona. Pero considera que “el periodismo es una estafa piramidal”, ya que es “imposible vivir de eso”. La mala situación que atraviesa su país empeora las cosas. Lo obliga, aunque ilegalmente, a trabajar 11hs diarias en un bar como camarero.

“Me repito constantemente que soy Periodista. Tengo miedo de olvidarlo”, dice José Ignacio Palleja, un madrileño de 25 años, en el video que subió a la web el 22 de diciembre último.

El cortometraje narra un día en la vida de él. Con impronta artística y documental, muestra fragmentos del periodista trabajando como camarero, y cuenta su angustia: “He estudiado, me he formado y uno siente que no ha cumplido en nada de lo que se esperaba… No hago nada de lo que sé que puedo hacer bien”.

Le cuenta a este cronista que decidió empezar a filmar a modo de desahogo. “Es una buena forma de contar lo que se siente”, y explica: “No creo en una justicia universal, nadie va a recompensar mi esfuerzo”.

El montaje lo hizo con un amigo que, especializado en cine, comparte la misma sensación de desconcierto que Nacho. “Siempre que nos juntabamos era para hablar de nuestro descontento laboral”, señala. Agrega que “luego decidimos empezar a contar lo que nos pasa”.

Sabe que el cortometraje generó identificación entre los jóvenes que así lo expresaron en las redes sociales. Sin embargo, afirma: “No quiero ser vocero de nadie. Simplemente he tratado de mostrar mi caso y retratar en la alienación que se vive”.

Según registró el SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal), los desocupados en España se incrementaron en un 7,86% en 2011. Al respecto, Nacho señala que además de la mala situación española, “el periodismo vive su propia crisis con mucha precariedad laboral, muchos semiempleados”. Transformando la profesión en un imposible.

En todas partes. Javier Perotti es mendocino y se siente representado con la historia de Nacho. Posee un currículum intachable. Luego de recibirse en relaciones internacionales, aprobó tres posgrados, uno en Barcelona. Y, además de hablar 4 idiomas, realizó 65 cursos complementarios alrededor de todo el mundo.

Le dice a Fronesis que su realidad cotidiana es “una intensa búsqueda laboral”. Explica con preocupación que “sin trabajo no se puede proyectar ninguna vida, solo pienso en eso”.

Desocupado hace 2 años, envió cartas, mails, curriculums, publicaciones en los diarios y se suscribió a todas las webs de búsqueda laboral. “Me contacté hasta con concejales”, agrega. Estima que llega a mandar hasta 50 ofrecimientos por día. Habla de “concursos digitados” por acomodos y remata: “por más que uno quiera laburar enserio y dignamente, no se puede”.

NOTA CON MANTEROS… SIGUIENDO LA MODA

En los últimos días estalló el conflicto con los manteros de la calle Florida. Entonces se puso de moda: Todos los programas dedicaron, como mínimo, 30 minutos al tema. Los canales de noticias, llegaron a tener hasta 2 móviles a disposición, y coberturas en vivo con prioridad absoluta.

A dos voces, programa que se emite por la señal TN, ayer por la noche copó su estudio de manteros que comercializan toda clase de productos.

Como no podíamos ser menos, en Fronesis colgamos material propio. Material que podría ser obsoleto por tratarse del restante de una nota de Perfil.com, publicada hace un mes. Pero las declaraciones del mantero, hace que no pierda vigencia.

Entre lo más original de la entrevista, Gabriel señala que en la calle Florida no existe términos medios. Estan “los de arriba” y “los de abajo”. Pareciera tener conociemientos de Filosofía Karmica, para hablar de merecimientos: “en la vida todo vuelte. Lo que hicieron ellos les está volviendo”.También asegura que “con menos de un metro yo soy feliz. Ellos tienen 4 o 5 locales y no son felices”.

Poca calidad de soporte, pero mucha de contenido. Así se encuentra el video que está se encuentra a un clic de distancia. Mirenlo.

EL “SALUDO” DE ANÍBAL FERNANDEZ, TODA UNA CONTRADICCIÓN

Públicamente se reconoce como un férreo defensor del debate argumentativo. Sin embargo, su actitud en las redes sociales está lejos de parecerse sus discursos en voz alta.

El senador nacional, Anibal Fernandez, es señalado por muchos como uno de los políticos de mejor desempeño en las redes sociales. Maneja el discurso que más se condice con la lógica de twitter: mucho contenido en mensajes cortos.

En una reciente entrevista con PERFIL, admitió que le dio consejos a la Presidenta cuando abrió su cuenta en twitter. 
Con un autoestima elevado, Anibal, empezó en la red social respondiendole a todos. Cualquier mención a su cuenta disparaba una respuesta, en muchas ocasiones, subida de tono.
A mediados de 2010, claramente fue advertido, como le pasa a muchas otras figuras políticas, para que baje el perfil en twitter. Y así fue. Dejó de responder por cualquier cosa, y ahora sus cruces eran un tanto más sofisticados y con figuras reconocidas. Ya no con cualquier individuo. También, empezó a bloquear masivamente a cualquier cuenta que el senador considere, “no se presta al debate”.
Sin embargo, el twitter ofrece dos vías de comunicación simultanea. Una forma a través de menciones, mensajes públicos, y otra opción a través de DM, mensajes privados.
Lo que Anibal se guarda de decir en público, por directiva de sus jefes, lo escribe por línea privada. Si no, observen el mensaje que llegó a la cuenta de twitter, de este cronista. Por supuesto, bloqueó la cuenta sin posibilidad de respuesta alguna.
Contradicción. En su página de Facebook, Aníbal, asegura que su objetivo es “generar un debate”, lo dice con seriedad y preocupación. “Es muy importante que todos podamos debatir lo que esta sucediendo”. De esa manera anuncia en la red social que se traslada a su blog, donde pueden encontrarlo para “contarnos lo que nos pasa”.
La actitud de @FernandezAnibal, la cuenta del senador en twitter, no se condice en absoluto con sus palabras. No sólo por el bloqueo, sino también porque no dio argumentos ni motivos del agravio.
En su entrevista con PERFIL, aclaró que él “solo bloquea a quienes lo insultan”. Entonces debería definir con más precisión lo que es un insulto: cualquier idea diferente. Ya que @PatoCaruso no ha insultado a ninguna cuenta, en su escaso año en la red social.
Motivos posibles. Tiempo atrás, en la cuenta @PatoCaruso, se enlazó un video en la que Anibal Fernandez “se rompe las manos” para aplaudir al entonces presidente Carlos Menem. En los días últimos, el propietario de la cuenta que Anibal Fernandez se dirigió como “Forro y alcahuete”, firmó una nota en Perfil.com, que generó una mínima polémica en la red social.

Una gran aspiración: la revista Fronesis

En épocas donde todo el mundo cuestiona al periodista. Donde vivir del periodismo es casi una utopía. Cuando se presenta al oficio como alcauhetería de de sus jefes. Muchos jóvenes tenemos la pasión de buscar información, editarla y compartirla.

“El periodismo se trata de revelar lo oculto, lo demás es propaganda” señala Horacio Vertbitsky en su libro Un mundo sin periodistas. Afinar el ojo y observar de un modo punzante en donde muchos otros no ven, para luego, con mucha voracidad, investigar.

En este contexto de dificultad, donde el periodismo se presenta como un arte de revelar lo oculto, pero a su vez, como algo impracticable, Fronesis ha dado tierra como espacio para publicar esas primeras prácticas en el oficio.

Muchos no se sienten preparados para hacerlo. En vez de ver a la escritura como parte de su formación lo ven como un broche final: “cuando me reciba hago mi blog”. La idea de Fronesis es la opuesta, publicar para aprender. La historia nos acompaña. No se puede negar que los grandes periodistas de todos los tiempos, se han formado con la máquina de escribir y la calle.

¿Y si Roberto Arlt hubiera esperado a estar “formado” para escribir? Recordemos que a él lo expulsaron de la escuela a los 8 años.

La historia se hace. Hoy, 11 de enero de 2012, Fronesis llegó casi sin darse cuenta a su publicación numero 50. Pero lejos de conformarse con eso apuesta a más. Con un grupo reducido de personas, entre ellas una diseñadora, dos redactores y cuatro columnistas, se lanza a construir una revista. La revista Fronesis, de publicación propia e independiente de este blog.

El ideal de una empresa es tener secretarios, colaboradores, redactores, editores, etc. Con la misma filosofía que en abríl se inauguró este blog, porsupuesto, no vamos a esperar a tener todos los capitales para empezar a publicar nuestra revista digital. Nos formaremos con ella.

La libertad del espectador

Por Juan Ignacio Coda | Un muro contra el que todos nos chocamos en el mundo del arte es la interpretación forzada cuando algo no se nos presenta evidente a primera vista.
Gran cantidad de obras artísticas nos resultan tediosas porque nos mantienen horas pensando qué quisieron significar y nos generan la sensación de estar frente a un enigma en el que se nos pide tocar la tecla justa con nuestra interpretación.
No debemos pensar que hay que "entender" a los artistas, hay que mirar con nuestros ojos lo que ellos construyeron con sus manos. No es fundamental desentrañar lo que se quiso decir sino darle un sentido a su obra desde nuestra percepción, la cual no tiene por qué coincidir con la de otros sujetos.
¿A que viene tanta descripción acerca de las interpretaciones? Es sabido que abundan frases como "no entendí este cuadro/película/cuento" cuando en realidad sí tenemos algo pensado al respecto pero tenemos la sensación de que al artista jamás se le podría haber ocurrido tal cosa a la hora de crear su obra. Usualmente esta sensación de desencuentro termina por convertirse en apatía por la obra al no poder "descubrir" lo que sentimos que el artista pudo haber querido decir.
A lo que voy es que esto no debería suceder así. En el arte tenemos derecho a sentir que no estamos en sintonía con lo que nos parece más esperable que el artista haya querido decir y a darle un nuevo sentido a lo que estamos viendo.
A la hora de interpretar todo vale. Darse cuenta de que uno tuvo una interpretación divergente a la de los "especialistas" (críticos, teóricos) del arte, no quiere decir no entender, sino entender distinto. La subjetividad nos permite interpretar y nos da la oportunidad de intervenir, aunque no siempre nos resulte controlable, lo que estamos viendo.
Debemos saber que las grandes obras maestras no son llamadas así por significar una sola cosa, sino porque se puede acceder a ellas desde muchos ángulos distintos. No existe una única manera de entender a Shakespeare, a Da Vinci, a Rodin o a Bergman sino que debemos atrevernos a interpretar con nuestros ojos lo que ellos hicieron sin intervención de críticas o retoques ajenos.
La libertad a la que nos arroja el arte también se nos revela a la hora de ver y no solo de hacer, por eso cuando contemplemos una obra de arte estemos nosotros solos parados frente al autor y su obra y no frente a críticas o interpretaciones intermedias.

INFIDELIDAD Y FACEBOOK, UNA BOMBA DE TIEMPO

Le alquiló una quinta a su amante. Después de tres meses de tironeos se pelearon. Ella le abrió una cuenta en Facebook con fotos de él, en plena trampa. Etiquetó a su mujer, con la que comparte un hijo. Una historia de infidelidad donde el Facebook es el detonante de la ruptura.

¿Cualquiera puede abrir una cuenta con tu nombre, apellido y enviarle fotos a tus familiares? ¿Cualquiera puede establecer tu perfil personal en la red?

Roberto es un mecánico de la vieja escuela. De los que acumularía posters de mujeres desnudas en su taller, sólo que trabaja en una empresa de transportes, y está a disposicón para arreglar cualquier desperfecto vehicular. Está casado hace mucho tiempo, con su primer novia, la que conoció en la secundaria. Juntos comparten un hijo.

A los 46 años necesitaba un poco de diversión. A mitad de 2010 entró una secretaria nueva al trabajo y Robertito no dudó en abalanzarse sobre ella. Para el mes de septiembre, Roberto, ya se escapaba los fines de semana con la secretaria. Llegado el verano, decidió alquilar una quinta para pasar las tardes con su amante. Sus amigos cuentan que “con Julieta conoció la noche”.

Así fue como empezó a tener un “amorío” con la secretaria de la empresa, donde trabaja hace 10 años. Los allegados mencionan que fue una relación sabática. Sólo compartían noches y fines de semana. Fue un verano donde Roberto llevó adelante una doble vida, donde buscaba excusas para escaparse de su casa y le prometía una pronta separación filial a su amante.

“Todo tiene un final, todo termina”. Después de tantas noches de boliche, alcohol y diversión, Roberto le comunicó a su amante que no podría separarse de su mujer. Ella reaccionó de una forma virtual. Le abrió una cuenta en Facebook con el nombre y apellido de él, donde se observan fotos en la quinta con ella.

En la información de la cuenta, se observa como trabajo actual: “Nos gusta la aventura, la noches de bailanta”. Y tiene como gusto musical, una foto de “Cacho” Castaña. Muchas de las imágenes poseen la etiqueta de su mujer que, a diferencia de Roberto, sí maneja la red social. “Con la computadora, Tito es un chimpacé” bromeaban sus allegados.

La cuenta se expandió rápidamente, ya que la secretaria se ocupó de mandarle solicitudes de amistad a toda la familia. Provocó la separación de Roberto, de modo obligado. Conocidos de la pareja decían que “No lo dejaba entrar a la casa ni ver al pibe”.

Unos meses después, subsanó su relación con su mujer, quien le dejó ver a su hijo. No volvieron a estar juntos desde entonces, se tuvo que mudar. En el trabajo, quienes no lo sabían, se enteraron por el Facebook. Y, enojada la secretaria, dejaron a Roberto sin el pan y sin la torta.

¿Cualquiera puede abrir una cuenta con tu nombre, apellido y enviarle fotos a tus familiares? ¿Cualquiera puede establecer tu perfil personal en la red? Por lo visto sí…