La libertad del espectador

Por Juan Ignacio Coda | Un muro contra el que todos nos chocamos en el mundo del arte es la interpretación forzada cuando algo no se nos presenta evidente a primera vista.
Gran cantidad de obras artísticas nos resultan tediosas porque nos mantienen horas pensando qué quisieron significar y nos generan la sensación de estar frente a un enigma en el que se nos pide tocar la tecla justa con nuestra interpretación.
No debemos pensar que hay que "entender" a los artistas, hay que mirar con nuestros ojos lo que ellos construyeron con sus manos. No es fundamental desentrañar lo que se quiso decir sino darle un sentido a su obra desde nuestra percepción, la cual no tiene por qué coincidir con la de otros sujetos.
¿A que viene tanta descripción acerca de las interpretaciones? Es sabido que abundan frases como "no entendí este cuadro/película/cuento" cuando en realidad sí tenemos algo pensado al respecto pero tenemos la sensación de que al artista jamás se le podría haber ocurrido tal cosa a la hora de crear su obra. Usualmente esta sensación de desencuentro termina por convertirse en apatía por la obra al no poder "descubrir" lo que sentimos que el artista pudo haber querido decir.
A lo que voy es que esto no debería suceder así. En el arte tenemos derecho a sentir que no estamos en sintonía con lo que nos parece más esperable que el artista haya querido decir y a darle un nuevo sentido a lo que estamos viendo.
A la hora de interpretar todo vale. Darse cuenta de que uno tuvo una interpretación divergente a la de los "especialistas" (críticos, teóricos) del arte, no quiere decir no entender, sino entender distinto. La subjetividad nos permite interpretar y nos da la oportunidad de intervenir, aunque no siempre nos resulte controlable, lo que estamos viendo.
Debemos saber que las grandes obras maestras no son llamadas así por significar una sola cosa, sino porque se puede acceder a ellas desde muchos ángulos distintos. No existe una única manera de entender a Shakespeare, a Da Vinci, a Rodin o a Bergman sino que debemos atrevernos a interpretar con nuestros ojos lo que ellos hicieron sin intervención de críticas o retoques ajenos.
La libertad a la que nos arroja el arte también se nos revela a la hora de ver y no solo de hacer, por eso cuando contemplemos una obra de arte estemos nosotros solos parados frente al autor y su obra y no frente a críticas o interpretaciones intermedias.

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