CONOCER NOS HACE RESPONSABLES

Cuando subimos al colectivo y cuando nos bajamos. Subiendo al tren, y llegando a Retiro. En la entrada del subte y en las inmediaciones también. Podemos no querer verlo pero ellos están ahí. En una esquina, con su valija abierta. Caminando sobre la AV 9 de Julio, esperando por una venta. Hace unos años se transformaron en una postal de la Costa Atlántica. Tenemos que aceptarlo, los negros africanos ya son parte de nuestro paisaje.

El ADN argentino debe ser el más difícil de conformar en el mundo entero. Somos una mezcla de todo. Y muchos coincidimos en tener, en haber heredado, lo peor de todos ellos. La arrogancia del europeo y la “pereza” del indio americano. El oportunismo de quien se cree conocedor de todo y la vagancia de quien piensa ser merecedor de una “buena vida”, sin entregar nada a cambio. En verdad, pienso que es muy difícil hablar de argentinos, cuando en este blog ya se demostró lo distintos que somos unos con otros.

Lo cierto es que la nota sobre africanos en Argentina empezó con una curiosidad muy grande. No podía creer cómo vivían. No entendía por qué venían a un lugar tan lejano y tan distinto, y a su vez, tan hostil.

Con gusto, tal vez, lo que más me gusta del oficio periodístico es conocer realidades nuevas y, dentro de las posibilidades de publicación, transformarlas en realidades de conocimiento público. Me encanta acercarme a preguntar. Pero tengo mis rituales. Caminar mucho, observar el doble y sentir la situación. Esperar el momento de atacar.

Lo cierto es que costó conseguir la información. Los africanos en nuestro país llevan una vida muy subterranea. Vienen de una vida de mucho maltrato social y, un jóven periodista no tiene por qué ser la excepción.

Hoy, la información está a la vista. Y como se publicó, en sus valijas se esconde una triste realidad: Llegan escapando de la muerte, eligen Argentina por su política migratoria y porque ya hay africanos. Ellos hablan de una “hermandad africana”. Eso es, encontrar un negro y ponerse a vivir en la misma pension y compartir trabajo.

¿Por qué son todos vendedores ambulantes? Porque por más que sean universitarios, los primeros africanos con los que se ponen a vivir les advierten que no van a conseguir trabajo en otra cosa.

Son refugiados y es necesario saber que son personas que deben abandonar sus paises por cuestiones de vida o muerte. No es símil a quienes van a buscar un mejor futuro a otro lado. Argentina asumió sus compromisos internacionales. Este gobierno los ratificó promulgando la ley de reconocimiento y protección al refugiado.

Sin embargo todos coincidieron en que solicitar refugio es “como cruzar el Sahara”. Les dan mil vueltas para no otorgarles la condición de refugiado y tratan de hacerse por ellos mismos. Así conforman una vida muy subterranea. Viviendo donde pueden, en cualquier pension barata y trabajando como vendedores ambulantes.

Esto también es África

La nota en Perfil.com contiene una historia interesante, pero estas se multiplican. Hay tantas historias de vida similares a las de Nengumbi como africanos en las calles. Y como suele pasar, mucha información y datos por la mitad que quedaron fuera de la nota que sigo con interés en investigar. Su tensa relación con la policía, la ausencia estatal, sus prácticas culturales muy relacionadas con la práctica religiosa, las creencias Umbanda.

Con mucha curiosidad le propuse el tópico a Sakuma: “¿Padres africanos, hijos Argentinos?” y con su respuesta me sentí un ignorante. “Los hay, desde la época de la esclavitud que hay, solo que la idiosincrasia argentina no lo permite”. Me sentí absorbido por esa idiosincrasia. Aunque con mi pregunta demostré reproducirla también.

Por consiguiente hay dos corrientes de africanos en Argentina. Los refugiados y los afrodescendentes. Una linea muy gruesa distingue esas dos realidades.

Hoy Lanata escribió una frase que me dejó pensando. Conocer la realidad, de alguna forma, nos hace responsables.

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