Los otros Rodolfo Walsh

La primera vez que dialogué personalmente con Ramón Indart fue en una reunión pactada. Lo recuerdo muy bien. Nos juntamos enfrente de la facultad. Fue a eso de las 7 de la tarde, cuando yo salía de cursar y el ingresaba. Nos fuimos a tomar un café y a charlar.

Recuerdo que me alertó de muchas cosas sobre el oficio. Muchas que me quedaron resonando hasta hoy y, espero, me acompañen en toda mi carrera. Reconozco que me fui a mi casa con ideas distintas de las que entré al bar. Puntualmente por dos conceptos: en primer lugar, mientras yo esperaba que haga énfasis en la redacción, es decir, en no cometer errores para escribir, ni lo mencionó. Se lo pregunté y me dijo que eso se aprende con la práctica. Por el contrario en lo que sí estaba interesado, es en transmitirme que no se puede laburar sin códigos y que caiga en la realidad de lo que es hacer periodismo.

Códigos. “Con una nota se puede perjudicar a mucha gente o, por el contrario, modificar pequeñas realidades”, señaló. Entonces recordé una nota que él hizo. Era sobre una inmigrante cubana que pedía asilo en Argentina, y se lo negaban. Dada la repercusión, “aceleraron todo”. Modificó una pequeña realidad.

Supongo que hacer una nota, exclusivamente, para modificar una realidad es tergiversar el motivo del periodismo, que es informar. Un periodista no es el Chapulín Colorado. Pero si lo lográs, mejor.

RW. La otra cosa que, finalmente, me hizo entender de qué se trata ser periodista es algo que conversamos. “Hay una tendencia en los pibes que estudian periodismo a querer ser Rodolfo Walsh”, ensayó. “Hay que sacarselo de la cabeza porque cuando entras a laburar se te caen las utopías”, razonó.

Debo reconocer que en ese momento no estaba muy de acuerdo. Yo pienso que se puede cambiar el mundo, cada uno desde su lugar. Pero pasado un tiempo de maduración de esa idea, entendí lo que me quiso decir: nadie puede ser ni parecido a Rodolfo Walsh, porque el contexto es otro, la tarea es otra.

Rodolfo Walsh es el icono de la lealtad a la verdad. Fue el sí entre tantos no. Quien prefirió morir antes que mentir o callar. Pero RW vivió durante la dictadura. Ejerció antes y durante. Pero hoy las cosas son distintas. Estamos en una democracia representativa.

¿Qué haría un periodista como RW en el día de hoy?

Supongo que luchar por la transparencia y la justicia sin ceder ante las presiónes. Me lo imagino infiltrandose en todos lados e investigando sin dormir. Investigando casos de corrupción porque, en definitiva, fundamentalmente para eso está el periodismo. Para informarle a la sociedad qué hacen nuestros funcionarios con nuestra plata.

Imagino que RW, lo que no pueda publicar en su diario, lo publicaría en su blog o en su libro. También pienso que se cagaría en la ley antiterrorista o en la distribución de la pauta oficial, simplemente publicaría todo. Absolutamente.

Además, muchos repudian a los periodistas que ejercieron durante el proceso. Les dicen cipayos, vendepatrias, cómplices del genocidio, etc cuando laburaban con un arma en la cabeza. ¿Eso no es de cagón? ¿Criticar a alguien que labura amenazado de muerte?

Entonces entendí que salvar vidas no es tarea de periodistas. Que voltear gobiernos tampoco, y mucho menos defenderlos. La tarea del periodista que vive en democracia representativa es, justamente, relatarle a la sociedad cuál es el accionar de nuestras autoridades o representantes. Muy distinto a lo que vivía RW.

Y es una cuestión muy simple. Un tipo que labura en una oficina de 9 a 18, no tiene tiempo para hablar con CFK y preguntarle qué piensa hacer con la inflación. Para eso está el periodista. Y estará en la habilidad, en el olfato, en los códigos de cada uno, conseguir buena información.

Por supuesto que CFK, ni lo que sucede, está en tu escritorio. Por eso, otra de las cosas en las cuales enfatizó Moncho (Ramón Indart) es en salir del escritorio. “Las noticias no van a llegar a tu computadora”. Por suerte para mí eso no es problema. Soy inquieto y odio el trabajo de oficina.

Todo esto para decir que hoy se cumplen 35 años de la desaparición de Rodolfo Walsh. La desaparición del periodista y el nacimiento de la leyenda.

En un día tan especial para la profesión, me acuerdo de todas estas cosas. De Moncho y de otras personas que no cité pero que también me están ayudando a transformarme en periodista, como Germán, (que no sé cómo me soporta aún), o JM, El Faco, Mansilla, Aikawa, Carlos Russo, de Perfil.com. O Pablo de León de Clarin.com que siempre tira buenos consejos. O Alconada Mon y Mariano Obarrio de La Nación que me empujaron en un principio y siguen mis notas. Por supuesto Payito, Rodis y Darío Gallo, ex´s Libre´s a quienes diariamente les torturo la cabeza pidiendoles consejos.

No sé qué hubieran hecho todos ellos de ejercer en la dictadura. Pero sí estoy seguro de lo que hacen hoy: periodismo como el de Rodolfo Walsh, 35 años después.

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