INSEGURIDAD POR TODAS PARTES: TRES DESENLACES

A) La mina le pega, entonces el policía la reduce con violencia. Luego lo tildan de machista, cipayo, vende patria y corrupto. “¿Cómo le va a pegar a una mujer? ¿En qué siglo se quedó?”, pensará la masa clasemediera. Finalmente, todo concluye en la idea de que los policías se abusan de la gente y que uno no está a salvo, ni siquiera en manos de un policía: Generará inseguridad.

B) La chica vestida de fucsia empuja al seguridad, entonces él se ve envuelto en dos opciones: 1, ir a rebatirla o 2, quedarse unos metros más atrás, humillado. En la primera de las opciones estamos con el problema A, y si el policía se queda atrás, todos se preguntarán “¿Ese es el tipo que tiene que agarrar chorros?”, lo tildarán de flojito, puto, maraca, maracon, cagón; perderá autoridad la policía y generará inseguridad en la clase media. Después de todo una chica que no supera los 75 kg lo abatió con un empujón.

C) En verdad la escena se remonta un tiempo atrás, cuando la chica y el policía tuvieron un affaire. Él se quedó un poco enamorado y, por despecho, llevó los anteojos que se robó de la casa de ella, para que no lo reconocieran a la mañana siguiente del encuentro. En este desenlace, estamos viendo una escena de amor: “Te dije que no volvieras más, que yo elegí a otro”, dice la chica. Entonces él le responde: “Es que hoy, hoy volvi a verte.. A verte, y se nota que tu me quieres”. Luego mirará para el costado y le pregunta: “¿quién es?” aunque concluye: “no me importa que tu novio esté..”
El fotógrafo de DYN capturó el momento preciso en el que ella corre a darle un abrazo y él le da un beso.

La reacción de la masa será: “¿Un policía que abusó de una villera y le robó los anteojos? ¿Este es el tipo que nos tiene que defender de los chorros?”. Entonces generará, nuevamente, inseguridad.

En los tres desenlaces posibles hay dos constantes: 1, todo genera inseguridad y 2, su compañero de atrás a la derecha, está averiguando cómo va el partido de Boca.

Así funciona la máquina de triturar periodistas

Un redactor raso, un miembro de la fiel infantería del periodismo, llama al vocero de un funcionario influyente y le pregunta si es cierto que firmó una resolución clave en materia económica. El vocero le confirma que su jefe lo hizo y le adelanta incluso las líneas generales del texto. El redactor está escribiendo la nota cuando un compañero que viene de la calle lo saluda y descubre que va a publicar una mentira: casualmente acaba de tomar un café con un legislador que pertenece a la mesa chica de ese funcionario. “Hace una semana Cristina nos ordenó que diéramos marcha atrás con la resolución”, le reveló. ¿Qué hacer entonces? Dos fuentes de primer orden informan dos cosas contradictorias. Es tarde, sobre el filo del cierre. El editor titula “Dudas sobre un proyecto oficial”. Al día siguiente, el legislador le confía al cronista, en el mayor de lo sigilos, una escena inquietante. Estaba conversando aquella misma noche en petit comité con el funcionario influyente cuando entró su vocero y le dijo: “Engañé a los diarios. Así mañana salimos a desmentir que firmaste los papeles y a demostrar una vez más cómo mienten los medios hegemónicos”. Todos se reían.

Conozco los nombres y apellidos de los involucrados. Pero la sección Política me ruega que no los haga públicos: “No queremos romper el off the record “, dicen en el colmo de la hidalguía. Eloff the record es una metodología sagrada para el periodista. Un pacto con su fuente, que le pide anonimato a cambio de secretos. Esa herramienta se utiliza en todos los periódicos del mundo. El periodista, sin embargo, debe ser cuidadoso y no creerse los camelos. Debe contrastar con otros y estudiar muy bien si la versión resulta cierta. En muchas ocasiones y bajo otros gobiernos, funcionarios nacionales han intentado venderle “carne podrida” (información falsa) a los cronistas. Pero nunca el cuerpo profesional de los diarios se había topado con una estrategia montada directamente para desacreditar al periodismo. Antes, una operación falsa podía tener como consecuencia un daño colateral: para perjudicar a otro político se lastimaba la credibilidad de quien daba la noticia. Hoy se trata, en cambio, de infligir daño directo. Hoy el objetivo somos nosotros.
Hay en la Casa Rosada un comando que rastrea los diarios y organiza estrategias de difamación y de ocultamiento. La Máquina de Triturar Periodistas y Maquillar la Verdad tiene muchos trucos. Introducir desde el Estado informaciones apócrifas para demostrar luego que los periodistas erramos o mentimos es apenas uno de ellos.

Cuentan con el miedo de todos: dirigentes, funcionarios, legisladores y empresarios saben que están siendo vigilados por el Gran Hermano y que una declaración inconveniente puede costarles muy cara. Ya lo he dicho: la principal tarea de gestión de este gobierno consiste en leer los diarios. Muchas veces intendentes o gobernadores hablan con redactores o corresponsales y les cuentan que el Poder Ejecutivo les está frenando fondos o una obra, y que no los atienden. Piden figurar como “una alta fuente” o un “vocero oficioso”. Hay muchas fórmulas. El periodista, para comprobar que no lo estén operando, suele llamar a otras fuentes y revisar documentación antes de escribir la nota. Cuando lo hace, la Máquina actúa de inmediato: llaman bien temprano a quien presumen dio la información, prometen arreglarle el problema y lo obligan a que salga a desmentir a los periódicos por Télam.

Si el asunto tiene magnitud, es decir, si llegó a la tapa, el procedimiento incluye llamadas rápidas a productores adictos de la radio para que saquen al aire de inmediato a la fuente anónima, que pasa a ser pública: el susodicho tiene entonces la obligación de desdecirse y de afirmar que lo publicado es un completo disparate. Y a escuchar a continuación cómo algún locutor devenido periodista, algún periodista analfabeto que jamás trabajó en una redacción o algún artista de variedades conchabado con dinero del pueblo pasa a destrozar ante su audiencia el buen nombre y honor del diario y del profesional que firmó el artículo. En casos pesados, la Máquina baja directivas al canal estatal y a programas del palo para que continúen batiendo parche con montajes, sermones y a veces hasta con información de Inteligencia apenas disimulada.
Los desmentidores seriales son los empresarios. Ya saben: el capital es cobarde y embustero. Por miedo a ser perjudicados o perseguidos por la AFIP, tienen asumido que deben hablar off the record , y contarle a la prensa lo que no se atreven a decirle cara a cara a Moreno. Si alguno se va de boca, la Máquina interviene: se lo llama a la casa y se le exige que rectifique y que insista en que fue tergiversado. Los empresarios argentinos ya ni se ponen colorados, obedecen como consumados actores.

Estas infamias, que lesionan la verdad y la democracia, no perdonan la mala praxis ni los pecados del periodismo. Que existen. A mí, todo esto no me duele por los grandes medios ni por sus marcas ni por sus ideologías. Me duele por este cronista, por aquel redactor. Los honestos muchachos de la infantería que luchan cada día en este pantano. Me duele que el Estado argentino quiera incendiar el único hogar que me queda: mi oficio. Y que cuente con la anuencia de tantos colaboracionistas.

(*) Por Jorge Fernandez Díaz | LA NACIÓN.

Malvinas: Nos pasó como el sapo

El sapo es un reptil. Como tal, tiene sangre fría. Si agarras una olla, la llenas de agua, dejas que hierva y tiras al sapo adentro, el sapo se muere instantaneamente. Es que no soporta el calor del agua hervida. Ahora, si antes de prender el fuego, tiras al sapo y después dejas que el agua hierva, el sapo se acostumbrará a la tempreatura del agua y sobrevivirá tanto como pueda. El agua incrementará su tempreratura y el sapo seguirá vivo, hasta que hierva por completo el agua y desista, finalmente, de salir con vida.

Darwin llegó a Sudamerica en el siglo XIX. Como estudioso del linaje humano se robó a un bebé. Claro, en tiempos de esclavitud no era robo y estaba aceptado. Si lo hace hoy, siglo XXI… ¿de qué estaríamos hablando? Derechos Humanos, pueblos originarios, etc. La temperatura es otra.

Ahora, un 3 de enero de 1833, un equipo militar británico llega a unas islas sudamericanas, a 12.678 km de su propia tierra. Desplazan a unos pocos gauchos argentinos que, sin oponer resistencia, se van.  Claro, no sonaba nada raro, era otra más de sus colonias. Pero si hoy, 2 de abríl de 2012, siglo XXI, ya con otra temperatura, luego de la década de 1960 donde se llamó al fin del colonialismo, cuando muchos pueblos africanos le pusieron fin a la tortura de no ser, si luego de todo lo vivido, sigue pasando y nos sigue pareciendo típico, comun, naturalizado, entonces sí: nos pasó como el sapo.

Nos pasó a nosotros, argentinos y habitantes del planeta tierra, como el sapo. Que estuvo en la olla mucho tiempo. Y se está acostumbrando a la temperatura del agua que, casi sin darse cuenta, lo terminará matando.

El aire tiene otra temperatura, pero nos acostumbramos a respirarlo. Nos acostumbramos a creer que esas islas pueden ser de otra nacionalidad que no sea Argentina, cuando están atrás de la pileta de casa. Simplemente nos pasó como el sapo. Estamos en el siglo XXI, luego de los procesos de liberación, creyendo que el colonialismo es algo del pasado, que esa palabra solo se usa para hablar de historia. Algo similar a lo que pasa con la palabra esclavitud. Cuando somos testigos de una gran red de trata. Solo con acordarnos de Trimarco, María Cash y compañía, nos alcanza.

Nosotros caminamos, claro, ellos saltan. Nosotros somos de sangre caliente, ellos de sangre fría. Nosotros tenemos – ¿tenemos? – conciencia de sí. O por los menos decimos “yo soy”. Ellos no hablan. Somos existencialemente distintos. Pero ambos tenemos algo en común: nos acostumbramos a lo que entendemos como presente. Por ese motivo naturalizamos la loca idea de que un pueblo a miles de kilómetros tengan soberanía en unas islas que quedan a unos metros de nuestra tierra, sólo por haberlas arrebatado por la fuerza y haberlas defendido con el mismo absurdo argumento. Somos, tristemente, el sapo. Sapo que trata, que hace fuerza pero no, no puede, no quiere, no se anima, finalmente, a respirar ese extraño olor, extraño olor a libertad.

Cómo remar una nota cuando no entendes nada, nada

Me encontraba haciendo un recorrido por las instalaciones del subte con la gente de Metrovías. Tenía un dato importante: el 80% de todos los materiales mecánicos son obsoletos y presentan fallas. Dato que me habían dado en el sindicato del subte y habían corroborado mecánicos y operarios.

La empresa que tiene la concesión, Metrovías, sostiene lo contrario. Entonces me llevaron a hacer un recorrido de “todo lo bueno”. La cuestión es que en uno de los talleres, se encontraba el CIME, Centro Integral de Mantenimiento Electrónico. En él, como pueden ver en el video, me explicaron el funcionamiento de un nuevo prototipo.

Al término de esta entrevista, el vocero que me acompañó en el recorrido, me dijo: “Para mí, es chino básico”, yo le respondí, “bueno, para vos, por los menos es un idioma”.

Realmente, cuando me hablaba no entendí nada. La técnica que usé para remar 5 minutos de conversación fue, “pensemos en el usuario”.

Las cosas lindas del periodismo…

Derecho a réplica

Después de dos días de recorridas por las estaciones y talleres del subte, finalmente, coordiné con Metrovías para que ejerzan su derecho a réplica. En verdad, si me preguntas, hubiera preferido, simplemente, que me manden por mail su respuesta. Pero el jefe de prensa y el editor insitían: Si le dedicaste un tiempo a los sindicalistas, le tenes que dedicar el mismo tiempo a la empresa.

Finalmente fui y, la réplica de 6 horas de recorrido, puede resumirse en esos tres minutos. A mí me dejó con gusto a poco. ¿A ustedes?

Delegados del subte denuncian que la tragedia de Once puede repetirse bajo tierra

 

 

La tragedia ferroviaria de Once, en la que murieron 51 personas, puede repetirse bajo tierra. Eso es lo que denuncian los delegados y operarios de los subterráneos porteños, que en diálogo con Perfil.com describieron el pésimo estado de los vehículos. La empresa desmiente las fallas. “Si fuera como ellos dicen, tendríamos accidentes todos los días”, se defienden.
 
Irregularidades. Este portal recorrió, junto a gerentes y delegados, instalaciones del subterráneo. Hasta hoy, sólo el sindicato del subte, la AGTSyP, esboza más de 200 denuncias por irregularidades y precariedad laboral. “Estamos todos en peligro, los usuarios y los trabajadores”, sostuvo Claudio Dellecarbonara, delegado de la línea B, antes de abrir las puertas del taller Rancagua, en estación Lacroze.
 
Goteras sobre cables de 300 volts que generan chispas cerca de materiales inflamables; transformadores de alta tensión que se inundan con la lluvia; trenes con fallas en los frenos. Esas son algunas de postales que se ven bajo tierra. “Si pudiera, no viajaría ni en subte ni en tren. Es una bomba de tiempo. Si todavía no pasó lo de Once fue por arte de magia”, dijo. “En lo que sí invierte la empresa, es en cámaras de seguridad para controlarnos”, enfatizó Dellecarbonara.
 
“Cuando llueve hay que pasar con cuidado, porque se electrifica todo”, se sinceró un trabajador, frente a un portón que en días de lluvia recibe agua pasada por cables pelados. “Así está todo, con materiales desgastados y trenes obsoletos”, dijo un mecánico.
 
Los operarios se ríen cuando escuchan que funcionarios hablan de trenes que son nuevos. “¿Nuevos? son del año ‘73”, ironizó un operario de la línea B. “¿Vos te comprarías un coche del año ‘73 para usar todos los días?”. En los talleres de la línea C, que une Retiro con Constitución, reflejan un panorama aún peor. “El 80% de toda la mecánica es obsoleta y presenta fallas por falta de mantenimiento”, explicaron.
 
La réplica. El paisaje cambia abruptamente en el Puesto Central de Operaciones (PCO), donde en un salón con alta tecnología, Metrovías recibió a Perfil.com. Lejos de las filtraciones y los cables pelados, se monitorean las líneas B, D y E. “Si hay alguna falla, se le corta la corriente al coche con un clic”, dice Ricardo García, el jefe del PCO.
 
Las líneas A, C y H no están incluidas en el sistema de seguridad Automatic Train Protection (ATP), pero tienen otros sistemas “que también son seguros”, dice García. “En este aspecto estamos al nivel de Tokio o Londres”, señala. El gerente de mantenimiento, Eduardo Zerbo, aclara: “Las fallas existen pero son menores, no afectan la seguridad del usuario y trabajamos diariamente para mejorarlas . Desde que llegamos redujimos las averías de 69 a 8 cada cien mil kilómetros”.
 
Martín Kunik, politólogo especialista en urbanismo, ensaya una solución paraPerfil.com. “El transporte necesita de economías de escala. Sería interesante crear una agencia metropolitana que integre subtes, colectivos y trenes, para abaratar costos, mejorar los servicios y redistribuir excedentes focalizándose en la demanda”. Enfatiza en el concepto de integración, como antítesis de lo que sucede en la realidad.