La Edad Digital, una deuda en los libros de historia

El gráfico muestra una línea de tiempo habitual, que puede observarse en cualquier libro de historia que hoy leen nuestros estudiantes secundarios o universitarios. Sin embargo la última fecha histórica que se registra en este cálculo es 1789, cuando la Asamblea Nacional se reunió para dar inicio a la Revolución Francesa. Es innegable que muchísimas cosas cambiaron y que, definitivamente, no estamos viviendo la misma edad.

Desde la llegada de internet al mundo, la humanidad transformó sus hábitos, costumbres, oficios y profesiones. Seguir pensando que vivimos en la Edad Contemporánea, seguir leyendolo en los libros de historia y escuchar docentes repitiendolo, resulta un verdadero desatino. Aquí van observaciones sobre la transformación social.

Comunicaciones. En 1880, la época de la inmigración masiva, mi abuelo italiano se despidió de su papá en noviembre. Lo abrazó y le dijo “te escribo cuando llegue”. Se subió al barco y llegó 4 meses después, en marzo. Ya en Buenos Aires, corrió a una oficina de correo. Pidió insistentemente que debía escribirle a su papá, mi bisabuelo, que se encontraba en un estado de salud crítico. Entonces el chico que atendía la oficina le dijo que si se apuraba, un barco salía esa misma noche rumbo a Cicilia. Mi abuelo escribió tan rápido como pudo y llegó a depositar la carta a tiempo. El barco demoró otros cuatro meses en llegar a Europa. En julio mi bisabuelo leyó la carta de su hijo y la respondió ese mismo día. Pero del mismo modo, a Buenos Aires llegó en noviembre del año siguiente al que mi abuelo había partido. En la actualidad, 2012, si tenemos que esperar 25 minutos para comunicarnos con Cicilia, entramos en cólera. Sin embargo, en 1880 estabamos en la Era Contemporanea, al igual que ahora.

Democratización. Jean Pauls Perreux era un campesino que habitaba los interiores de París, en el lejano 1789. No sabía bien lo que estaba pasando pero, por el último boletín que le brindó su recaudador de impuestos, estaba sesionando la Asamblea Nacional, buscando una solución a la crisis fiscal que padecía su país. Uno de sus amigos le había dicho que Luis XVI, el monarca de ese entonces, iba a reprimir la Asamblea, dado que no le estaban dejando subir los impuestos. Jean explotó ante lo que le contó su amigo ya que pagaba un 60% de su cosecha en impuestos y el 10% de todas sus riquezas quedaban en manos de la iglesia. Ya no podría afrontar otra suba de impuestos. Entonces decidió, junto con su amigo, salir a difundir ese trascendido, “el rey va a reprimir la Asamblea y subirá los impuestos”. Fueron juntando gente y la cosa terminó muy violenta. Cientos de recaudadores muertos, la Bastilla tomada por campesinos, castillos prendidos fuego, todo símbolo monárquico roto y, mas tarde, el mismísimo rey ejecutado. Muchas versiones circulan sobre lo acontecido, pero lo que le contó su amigo, fue un rumor ya que el rey estaba intentando escaparse de la ciudad.

Hoy, 2012, habla el presidente de España y lo escuchamos mientras caminamos por la calle, en Buenos Aires, rumbo a nuestras casas. Ya no más trascendidos. Desde una estación de tren podemos brindar nuestra opinión sobre lo que dijo y hacerselas llegar a miles y miles de personas, en ése mismo momento. Todos leemos y escuchamos a la vez, además, opinamos y compartimos información. Antes la información era para periodistas, ahora toda la sociedad se volvió generadora de noticias.

Oficios. Por lo anteriormente dicho, el periodismo se transformó. Nadie sabe bien cuando fue, tal vez cuando nació la máquina de Fax. Fue ese día cuando la redacción se transformó. Por primera vez, la información llegaba al periodista y el periodista no tenía que ir por ella. Hoy se habla de “periodistas de sillón”, en referencia a quienes esperan la información en su teclado.

Del mismo modo, cada periodista se transformó en una agencia de noticias propia. Emiten su información durante todo el día y, a la vez, la reciben. De la misma manera, los médicos sabían cual era su horario de trabajo y cual no. Hoy, a las 3 de la madrugada, mientras duermen en sus casas, reciben llamados de urgencia. Se levantan y van a atender pacientes.

Por supuesto, el origen de internet representó un campo comunicacional nuevo. Nacieron oficios como el de programador web, el de redactores multimedia, el de asesores 2.0, etc. Nuevos trabajos, nuevas fuentes de ingreso. De la misma manera aplastó muchos otros oficios.

Estudios. Patricia Lorenzen, una docente de la UBA (Universidad de Buenos Aires), se encuentra estudiando un fenómeno particular: Sus estudiantes tienen dificultades para consolidar la atención en lecturas extensas. Ellos declaran que no logran mantener su concentracion durante tanto tiempo. Le pierden el hilo conceptual al texto y su intento por entender las ideas quedan truncas. Por este motivo, la profesora decidió estudiar el efecto de la computadora en su concentración y descubrió cosas asombrosas que, por el momento, son sólo hipótesis.

Entre las más sorprendentes, los adolescentes que nacieron con una computadora entre manos, orientan su atención con el sistema dominante de la época: Windows. Están preparados de otra forma distinta, pudiendo poner su atención en múltiples cosas a la vez y haciendolas mejor que en profundidad sobre un sólo tema. Un producto de éste hábito es una forma de comunicación emergente, Twitter. Una red social donde uno lee muchos mensajes que tratan sobre distintos temas. Uno puede ponerles atención a todos ellos, concentrarse y responder en cuestión de segundos. Definitivamente una nueva forma de estudiar. Otra forma de concentrarse. Pienso que los libros de historia deberían estar trabajados en 140 caracteres.


Dos perfiles en uno. Definitivamente los humanos nos dividimos en dos. Los digitales y los interpersonales, pero estamos divididos en dos a la vez, todos tenemos ambos perfiles. ¿Cuantas veces nos juntamos con alguna persona que conocimos a través de su perfil digital y, de forma interpersonal, parece ser muy distinta?

Hay que abandonar la premisa de que todo nuestro comportamiento en la red da pistas de nuestra personalidad natural. Porque podemos construir ambas personalidades. Lo real y lo virtual, ambos diagnósticos son reales. Aunque pueden ser muy distintos.

Siguiendo esa línea de razonamiento, podríamos afirmar lo contrario: Si conocemos a alguien cara a cara, con su forma de hablar, sus histrionismos y gracia, nos está dando pistas de su comportamiento en las redes.

Inevitablemente vamos construyendo un perfil digital. Inclusive, quienes no tienen facebook o quienes lo crearon pero no lo usan. De todas maneras dan cuenta de un perfil atravesado por el medio.

Edad Digital. Con tanta evidencia entre manos, resulta un absurdo seguir afirmando que Jean Pauls Perreux, mi bisabuelo, mi abuelo, Patricia Lorenzen y yo, vivimos en la Edad Contemporánea.

(*) Pueden hacerse muchas más afirmaciones sobre la transformación de los hábitos del hombre. Sólo traté de enumerar y ejemplificar algunas de ellas.

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