La otra crónica del acto de centro derecha

El martes por la noche fui a cubrir el acto de la Confederación Demócrata Federal. Por empezar, fue un flash. Vengo de cubrir peronistas, estos eran de la vieja escuela, la verdad me sentí muy raro. Se manejan muy distinto.

Los peronistas organizan reuniones, cantan la marcha peronista, toman coca, patys y choripanes para todos y para todas.

Acá citaron a la prensa a las 20.30. Ellos llegaron a las 21 y se sentaron a morfar. Todos vestidos de traje, las mujeres con anillos de oro, un salón muy sobrio y de lujo. Había un periodista de La Nación, otro de La Prensa y yo de Perfil. Nos dejaron esperando en el pasillo viendolos como cenaban, sin darnos ni un vaso de agua. Tampoco nos dejaban sacar fotos hasta que levantaran los platos.

Fueron a comer y a hacer política, se aplaudían entre ellos. “Si yo estoy en el gobierno, esto no pasaba”, se arengaban unos con otros. “Decile al turco que vuelva, que lo perdonamos”, chistaban.

Como de entrada no me dejaron pasar, esperé un rato en la puerta. De la Rúa llegó con un sobretodo marrón, una boina que le tapaba los ojos y una bufanda que le tapaba la nariz. Irreconocible. Yo dudé si era él hasta que lo seguí con la mirada y lo vi entrar. Le dejó su sobretodo a un asistente del lugar y se sacó la bufanda. Ahí recién confirmé que era él. A los pocos minutos Carlos Ruckauf se fue, un poco antes de que empezara la cena. Después me enteré que no estaba invitado y que había ido a reprocharle el destrato al organizador.

Terminé comiendo una patinesa..

Ni bien pude entrar, me puse a hablar con el periodista de La Nación. Nos pusimos a hablar como pares y a intercambiar datos. Minutos después, le pregunté su nombre y me dijo que era Jaime Rosemberg. Lo loco del periodismo es que nos leemos todos con todos pero no nos conocemos las caras. Él me dijo que leyó algunas de mis notas en la web. Yo leo, habitualmente, todas las suyas. Realmente, es uno de mis ídolos en la profesión, pero no me animé a decirselo. Simplemente lo seguí tratando como un par.

Nos fuimos a eso de las 23. Pero le saqué provecho a la espera y dialogué bastante con Jaime. Me dio a entender que el periodismo era esto: Pobretones que están todo el tiempo metidos dentro del poder. Hablan con el poder. Le preguntan al poder. Tienen que negociar con el poder. Escriben sobre el poder.

Además, me dijo algo que me dejó pensando. Mientras esperabamos en el pasillo, y los veíamos comer, me comentó a lo bajo: El día que estemos ahí, sentados de traje y dejemos el jean y la camperita gastada en casa, dejaremos de ser periodistas para ser alcahuetes.

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