De las ordenes totalitarias al poder de las mediaciones

Argentina. Viernes 27 de agosto de 1920. Estamos en frente del mítico Teatro Coliseo, en la Ciudad de Buenos Aires, a punto de vivir un momento histórico. Todo permanece en silencio hasta que se escucha un ruido agudo. De a poco el ruido se va haciendo más fuerte, como si alguien subiera el volumen. Y más fuerte. Sigue creciendo. Casi insoportable. Señales sonoras pocas veces escuchadas hasta el momento y de ellas se desprende una voz potente, prácticamente indistinguible del ruido de fondo: “Señoras y Señores… La Sociedad de Radio Argentina, les presenta hoy el festival de Richard Wagner”.

Enrique Susini fue quien locutó esas primeras palabras en lenguaje radiofónico y así, dejó inaugurado un novedoso canal que conecta a un emisor con múltiples receptores. Dicho canal comenzó a utilizarse para emitir grandes piezas musicales, pero lentamente aparecieron las señales informativas y más tarde las de entretenimiento. Que el lenguaje radiofónico se consolide como un medio, llevó décadas. Y esto es porque no puede entenderse, ni concebirse, un medio apartado de las prácticas culturales de la época.

Todavía se escuchan anécdotas de quienes esperaban a sus padres llegar del trabajo y, junto a su familia, cenaban escuchando las radionovelas del momento. Más tarde las ficciones radiales fueron sepultadas por la aparición de la TV y otros géneros de comunicación mucho más masivos. Pero ése modelo de un emisor y múltiples receptores se siguió profundizando, imitando a la sociedad de la época: Es uno el que habla, todo el resto escucha.

Así, con el correr de la historia, fueron consolidándose distintos personalismos en todos los ámbitos de la sociedad y quienes trascendieron fueron sus nombres y sus órdenes.

La necesidad de aventajar en la Primera Guerra Mundial provocó la aparición de la radiodifonía como método de comunicación entre tropas, sin necesidad de cables ya que podrían ser derribados con una bomba. Lo mismo pasó con tantas otras tecnologías, hasta llegar a la Guerra de Irak, donde soldados norteamericanos que desconocían las calles de Afganistán necesitaron de un GPS que los ayude a orientarse. Por eso lo inventaron.

Todos estos procesos bélicos generaron tecnología y, a grandes rasgos, estas guerras fueron generadas por la principal necesidad del capitalismo: Expansión.
Fueron muchos los factores que mantuvieron este esquema de comunicación, trazado a imagen y semejanza del funcionamiento social. Para ser ilustrativos, y sin entrar en mayores debates, líderes totalitarios como Adolf Hitler lograron imponerse mediante este esquema de un emisor e infinitos receptores.

En la década del ‘80 comenzaron a moldearse teorías que planteaban un traspaso de los medios a las mediaciones. Dejar de estudiar al emisor y al mensaje, para estudiar todos los procesos y prácticas culturales que se iban consolidando a su alrededor.

Al día de hoy, se viven tiempos de convergencia donde todo termina en la pantalla de una computadora: Televisión, Cine, Radio y Prensa. Sin embargo la amplitud y las posibilidades de la red, rompieron con el viejo esquema comunicacional. En la era digital ya no pueden diferenciarse emisores de receptores; todos redactamos, sacamos fotos, filmamos y generamos contenidos. A su vez, todos los compartimos, de modo tal que nace la figura del consumidor que produce, es decir, del “prosumidor”.

Este nuevo actor social representa la gran novedad de principios de siglo. Definitivamente el internauta presenta grandes diferencias con el espectador o el lector. Frente a un televisor o un libro, lo que pueden hacer los consumidores es realmente poco. Distinto al internauta que frente a una pantalla, tiene un mouse y un teclado para seleccionar qué y cuanto consume y, a su vez, qué y cuanto aporta a esta red. Es decir, tiene una posición activa ante los contenidos, en tanto los consumidores se mantienen pasivos.

Hay quienes aseguran que usuarios más activos y selectivos, se transformarán en ciudadanos más despiertos a la realidad cotidiana. Estamos en las puertas de una sociedad que nos demandará una nueva forma de hacer las cosas. Los viejos líderazgos impactan de otra manera en la red, ya que su discurso es multianalizado por todo el espectro web. A su vez, y con grandes ejemplos, quedó demostrado que nadie tiene la fórmula para reinar en la era digital.

Dar una orden es asumir que quien la escucha no tiene nada para aportar. Apostar a ese modelo, de lider autoritario y súbditos, es responder al viejo esquema. Un molde que se está muriendo ni tiene razón de ser. La era digital llegó para demostrarnos que ahora somos todos los que hablamos. Somos todos los que construimos. Somos todos los que aportamos y, en tal caso, equivocamos.

CAUSA DE NOTICIAS pretende responder a este nuevo modelo; es una revista dirigida, editada, diseñada y redactada sin órdenes verticales. Sabemos que nuestro pacto es uno sólo: Llevarle al lector las herramientas de la verdadera filosofía. Esa que es muy amarga al principio, pero dulce al final. Amarga por proponerte un fuerte trabajo tuyo y en vos mismo, sin nadie más a quien culpar. Y dulce porque luego de varias pruebas, cambiarás tu forma de ver la vida, entonces tu vida cambiará de forma.

(*) Para la revista Causa de Noticias.

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