Sin subtes y sin verguenza, ciudadanos resignados


María Teresa camina apesadumbrada. Con su cabeza hacia abajo, sus hombros encogidos y una interminable mueca de fatiga en su rostro, sale de de las inmediaciones de la estación retiro donde recién se bajó del tren Mitre, el mismo que esta semana descarriló tres veces en dos días. Después de la puerta la espera la lluvia, que hace minutos comenzó a hacer sonar las chapas de la estación.

María Teresa no tiene paraguas y se va a mojar. Pero pareciera que ya no le importa. Al cruzarse con los micrófonos de FRONESIS, sólo tiene dos palabras para decir. Y con su voz, le pone nombre a lo mismo que ya expresa con su cuerpo: “Estoy cansada”, dice resignada, sin esperar la pregunta. Después, da media vuelta, sujeta fuerte su cartera y camina, lentamente, sin inmutar su gesto de fastidio mientras escucha las preguntas que el cronista le hace.

Es que el transporte clave de la Ciudad de Buenos Aires, el que utiliza María Teresa para llegar al trabajo junto con otros 700 mil ciudadanos, hace cinco días que no funciona. Pero el problema de María Teresa no termina ahí. Además, la tarifa del taxi aumentó a un precio que, según describen los protagonistas, lo transforma en un transporte de uso eventual.

“Puedo pagar un taxi un día que no ande el subte, pero no toda la semana”, dice Javier, otro porteño que ocupó el lugar en el micrófono que María Teresa por resignación rechazó. “Los políticos dicen que somos rehenes, pero entre los rehenes y sus captores existen códigos. Con nosotros hace tiempo que no tienen ninguno, no nos dejan vivir”, expresa con pesar el hombre que dice ser agente de una concesionaria automotriz porteña.

Además, al taxi lo envuelve otro problema: “Por más que lo pagues, tenes que salir al menos cuarenta minutos antes, porque el tráfico está imposible”, relata. La misma problemática, con otros matices, afecta al colectivo que además de las demoras, los problemas con la tarjeta sube y el aumento de precio, se encuentra colapsado.

A la dificultad de llegar al trabajo, se le suman las últimas declaraciones del Ministro de la cartera laboral, Carlos Tomada, quién dos días atrás afirmó que “hay que cuidar el empleo”, al momento de retratar un parate en la creación de puestos de trabajo. “¿Cómo quiere que cuidemos el empleo en éstas condiciones? ¡Sin verguenza!”, le responde Susana, otra de las transeuntes.

Distintas encuestadoras trabajan arduamente para determinar a quién perjudica más ésta situación de cara a las elecciones legislativas de 2013. Sin embargo, para las personas que dialogan con éste blog, sólo hay dos perjudicados: Ellos mismos que se saben sin transporte y un descontento social en aumento. Y toda la clase política que “son completamente inútiles todos. Ni Macri ni Cristina quieren resolver el conflicto del subte y, a su vez, si el gobierno hubiera tenido la voluntad de mejorar los trenes, en 9 años de gobierno, lo hubiera hecho”.


En momentos donde Macri no se propone resolver el problema; cuando el gobierno nacional le da un uso político para acorralarlo; cuando la empresa no quiere otorgar aumentos sin saber quién le pagará los subsidios y los metrodelegados reclaman al menos mantener su poder adquisitivo ya que la inflación no da tregua; cuando pasan todas éstas cosas, lo mejor es contar la versión de los ciudadanos, los verdaderos damnificados.

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