Mi crítica al concepto de Honestismo

A prueba de fallas | El año pasado Martín Caparrós publicó Argentinismos, un libro que lo engrandece por su mirada crítica de la sociedad actual y una gran capacidad de observación sobre las cosas. Siempre pensé que si te critican por derecha y por izquierda, es que algo bien estas haciendo, porque significa que no entraste en el absurdo juego de la polarización.

Uno de los conceptos que el autor esboza en su libro, se llama Honestismo. En él, plantea que una de las actitudes típicas del ciudadano promedio en Argentina es limitar el debate político a la corrupción. La famosa premisa “qué queres si estos se roban todo”. Lo que razona Caparrós es que cuanto mucho, los políticos se roban el 30% de los fondos públicos, entonces de no existir la corrupción, “los hospitales publicos tendrían un 30% más de gasas mientras que en los privados tendrían un tomógrafo computado al toque”. Les dejo link por si quieren leerlo todo.

El libro lo leí el año pasado y es uno de esos pocos textos que consulto de forma permanente. Una o dos veces al mes, o para sacar información o para recordar alguna que otra cosa. Siempre es útil para entender el diario de hoy.

Después de asistir a su presentación del libro en la UBA, razoné que Caparrós es una de las pocas personas en la Argentina que jamás se entregó al simplismo y nunca perdió su lucha con la honestidad intelectual.

Por supuesto, no por eso dejé de leer su libro de un modo crítico y algo siempre me hizo ruido de su concepto de Honestismo. Después de reflexionarlo un tiempo largo, recién hoy lo redacto en este blog, aunque no pueden leerse estas líneas sino a modo de pensamiento en caracteres públicos:

Mi crítica. Lo que trata de incentivar Caparrós es que en vez de debatir si son corruptos o no, debatamos las decisiones estructurales/ideologicas que se toman. Pero la corrupción no sólo es tangible desde un punto de vista porcentual económico, también desde un punto de vista ideológico que es claramente palpable en el funcionamiento orgánico de la política. Y aquí es donde está la mayor diferencia entre lo que pienso y lo que plantea Caparrós: Esta corrupción estructural sí impide que se tomen decisiones para mejorar las instituciones políticas y el funcionamiento social.

José Pablo Feinmann es un intelectual brillante que, como tantos otros, cayó en las garras del kirchnerismo salvaje. En su libro del año pasado “El Flaco”, contó un almuerzo en Casa Rosada que compartió con el entonces presidente Kirchner. Pero sin darse cuenta, desnudó lo que es la politica en nuestro país.

(..) José Pablo Feinmann, “El Flaco” 2011 (…)

Luego de la charla, Alberto Fernandez (en aquel entonces jefe de gabinete de Kirchner, ahora opositor al gobierno de su mujer) se abre lugar en la mesa con un gran mapa de la provincia de Buenos Aires:

Nestor pone un dedo sobre un punto del mapa.
-¿A quén tenemos aquí?- pregunta.
-La pegaste – dice Alberto-. Porque ahí justo ahí, no tenemos a nadie.
-¿Ni uno nuestro?
-Ni uno.
-La puta madre. Qué macana. ¿Y quienes están?
Alberto le larga cuatro o cinco nombres. Después le dice de qué partidos son. Estoy erizado. Asisto a una gran clase de política (…) Nestor pregunta:
-¿Quién está más cerca de nosotros?
-Ninguno, son todos una mierda -dice Alberto-. Lo único que te puedo decir es quién es el más barato.
Néstor lanza una risita triste y se muerte el labio inferior. A través de la mesa me clava la mirada:
-¿Y? ¿Qué me decís? ¿Es fácil la política, no? ¿A quién pongo?
-Poné al más barato.

-¿Por qué?
-Porque es el más barato. Te va a quedar guita para comprar otro mejor si aparece.
-Creo que no escuchaste de quién es el más barato ¿De quién es, Alberto?
-Alberto sonríe. Dice:
-De Patti.
-Suponía algo así. -Lo miro a Alberto: -Cuando dijiste son todos una mierda pensé en que alguna seria Patti.
-¿Qué hacemos, profesor? -dice Alberto, aunque sin gastarme. Sólo bromeaba. La situación gira entre lo patético, lo melancólico o lo trágico.
Tomo coraje:
-Hay dos cosas para hacer. O sea, más de una. Primero, no poner a nadie.
-¿Y qué le digo a la gente del PJ?- dice Nestor-. ¿Qué regalé una localidad sólo porque me gusta la gente limpia?
-Entonces poné al que menos costo político tenga.
Alberto, firme, dice:
-Te lo dije: son todos una mierda.
-Entonces poné al de Patti. Debe ser el más corrupto. A los dos días es tuyo.
-Miralo al intelectual -sonríe Nestor-. Mirá qué rápido aprende política.
-¿Esto es política?
-Esto. ¿Cómo se lo explico a los progres?
Nos quedamos en silencio. Mirándonos. En el medio, entre los dos, ocupando el centro de la mesa, el mapa de la provincia de Buenos Aires.
-¿Eso y no otra cosa? -pregunto.
-Eso y no otra cosa -insiste Néstor-. No hacerle asco a nada.

(…) (*)

Lo que deja al descubierto es que hacer política en Argentina es repartir bien los fondos públicos. Y si uno se pregunta por qué un intendente político va mutando su ideología según el poder de turno, encuentra en el libro de Feinmann una posible respuesta.

Entonces nos preguntamos, ¿Es radical ese intendente? ¿Es peronista? ¿Cual es su ideología? ¿Quiere hospitales públicos o privados?

Por eso me respondo que la corrupción es una ideología. Una ideología que está presente en toda nuestra sociedad. Y hasta que no la eliminemos desde un punto de vista moral y en la praxis, nada cambiará en el funcionamiento social.

Argentina tiene una alta tendencia monárquica: Todos se creen reyes. Le pasó a Menem en los 90, le pasa a Alperovich en Tucumán, a Insfran en Formosa, a Julio Grondona en la AFA, a Fellner y Milagros Sala en Jujuy, a los Kirchner en Santa Cruz y ahora también en Presidencia de La Nación. Ni hablar de las intendencias, en Vicente López tuvimos por décadas a Enrique “Japones” García que nació en el radicalismo y se fue dando la mano con todos los gobiernos. En su última elección compartió boleta con Cristina, peronista de raza.

Si uno le pregunta a un intendente por qué acepta el dinero y dirige a sus seguidores hacia un lugar que va encontra de sus ideas, el intendente probablemente le responda: “Y qué queres, lo hacen todos y la cosa no va a cambiar porque yo no lo haga”. Casi lo mismo que respondería un pibe que salta un molinete para viajar en subte o que se adelanta en la cola de un banco.

Lo que yo me pregunto es si puede hacerse uso del populismo y del clientelismo con un sistema educativo que funcione.También me pregunto si a la clase política en general le conviene mejorar los hospitales públicos y mejorar en cantidad y calidad a los hospitales estatales, cuando es de público conocimiento que muchas de las empresas que rentabilizan la salud privada aportan fondos en sus campañas políticas. Eso es corrupción ideológica.

A ningún político le conviene mejorar el sistema de educación porque las masas serían más dificiles de manejar y eso es corrupción ideológica.

A ningún político le conviene mejorar la calidad de la salud pública porque a nivel mundial la salud privada es un gran negocio, del cual ellos mismos obtienen beneficios. Eso es corrupción ideológica.

Ayer, Jorge Lanata mostró la corrupción pura y dura que se respira en Formosa. Con una sociedad formada e informada, crítica y sin tolerancia a la corrpución, ¿podría gobernar un tipo como Insfran? ¿A Insfran le conviene reestructurar y mejorar la educación?

Leyendo el apartado completo de Honestismo en el libro de Caparrós observamos que la mirada del autor es crítica con la corrupción social, y no con la corrupción política porque impide el debate ideológico. Pero pienso que no se puedan debatir ideologias sin antes eliminar la ideología de fondo y forma. No pueden debatirse progresismos o conservadurismos, sin antes eliminar la ideología que transpiramos todos: Corrupción.

(*) Fragmento citado en el libro Noticias Bajo Fuego, de Gustavo Gonzalez.

2 opiniones en “Mi crítica al concepto de Honestismo”

  1. Leí la nota y el libro de Caparrós. La diferencia es clara: para Caparrós hablar de honestismo (dentro de esta democracia representativa y sociedad capitalista) es irrelevante. Yo lo comparto, porque el límite de lo “legal/ilegal” en este sistema es ridículo. Pensemos en los bancos y sus pingues negocios perfectamente legales. La principal crítica de Caparrós es a nuestra imposibilidad de pensar una sociedad mas justa fuera del sistema capitalista. Y las opciones que hoy existen… matizan los detalles y son más o menos lo mismo… y por eso el “honestismo” es de lo único que se agarran… cuando es -de por si- irrelevante… a no ser que creamos en las virtudes teóricas del sistema democrático y republicano. Rafael Bustos

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