Tres grandes lecciones de periodismo

En la argentina de hoy no es fácil hacer periodismo. Entre otras cosas, porque ya no se sabe bien qué es practicarlo. En sí, es una palabra bastante abarcativa, que incluye a quienes investigan más de lo que publican, a quienes locutan y obtienen información de los diarios y a quienes sólo ponen la cara y animan un programa televisivo.

Desde la praxis, es decir, atrás de un dato, elaborando un informe o trabajando en una producción multimedia, se te pierde lo macro. Se te va de la vista la teoría y desaparece la pregunta básica: ¿Para qué hacemos periodismo? 

Imagino el último de mis días en este mundo ejerciendo la actividad y reflexionando el por qué de la profesión. No hago nada que no medite y reflexione arduamente. 

En momentos de confusión, cuando la mente se enrosca y especula tanto, suelo volver a estas tres nociones básicas de lo que es éste oficio:

1. La recordada definición de Horacio Verbitsky:

“Difundir aquello que alguien no quiere que se sepa. El resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa; de la neutralidad, los suizos; del justo medio, los filósofos, y de la justicia, los jueces. Y si no se encargan, ¿qué culpa tiene el periodismo?”.

2. En un pequeño diario nacionalista llamado Revolución Nacional, Rodolfo Walsh publicaba una primera serie de notas que terminaría siendo el libro Operación Masacre. “Hay un fusilado que vive”, le llegó al periodista. Walsh dio con Juan Carlos Livraga, un obrero que se hizo pasar por muerto y escapó al gatillo del Estado Represivo. 

Sobre el final de su primera nota periodistica contando lo sucedido y mencionando a Livraga, culmina: “Si Juan Carlos Livraga llegara a ser víctima de alguno de los rarísimos “accidentes” o “suicidios” que están ocurriendo en las madrugadas bonaerenses, la opinión pública sabrá cómo interpretarlo. Y si Juan Carlos Livraga llega a desaparecer sepan los culpables que no habrían destruido una sola de las pruebas que lo acusan, pues todas ellas han escapado a su control. Y si Juan Carlos Livraga llega a pasarle algo, cualquier cosa, aún la simple interrupción del contacto que se tiene con el, no sólo lo sabran familiares y amigos; lo sabrá todo el país; lo sabrá todo América, lo sabrá todo el mundo. Sepan, pues, todos los que están directa o indirectamente vinculados a estos trágicos acontecimientos que no hay en este momento en todo el territorio de la nación una vida más intocable que la de este muchacho argentino”.

El “muchacho Argentino” es, para el periodista, su fuente. Es decir, Walsh adopta el lugar de la fuente para contar lo hechos. Podría interpretarse que se abraza a la causa de Livraga (la lucha con el Estado Represivo) y milita mediante un texto en un diario para ella. Pero nadie se animaría a decir que Rodolfo Walsh era un militante y no hacía periodismo. Lo que nos deja una gran lección: Cuandos las investigaciones están bien realizadas y se adaptan a los hechos, la posición del periodista es una anécdota.

3. Semanas atrás entrevisté para Perfil.com a un periodista que me hizo reflexionar mucho. Fernando Ruiz, vicepresidente de FOPEA y vicedecano de la Universidad Austral, me recibió en su despacho. El tema de la entrevista era un discurso de CFK y la posición de FOPEA, pero siendo periodista le pregunté y repregunté muchas veces sobre nuestro oficio. Dos de sus respuestas me impactaron:

“Los periodistas somos como peces que nadamos en un agua llamada democracia. Si el agua se contamina, nos contaminamos nosotros. Y sin agua, al igual que los peces, no existirían los periodistas”.

“678 no es periodismo porque le falla a una de las primeras reglas de nuestro laburo que es consultar a todas las fuentes. Si cubris un conflicto entre gobierno de la Nación y el de la Ciudad, lo tenes que llamar a Macri y a Cristina. Que ambos brinden sus testimonios y te den su información. Lo que hace 678 es propagar siempre a las mismas fuentes, sin contrastar su información. Lo mismo que hace una oficina de prensa o un local de militancia. No es periodismo”.

Quizás es por eso que cuesta acomodar a Walsh en el esquema binario de periodista profesional o periodista militante. Rodolfo Walsh trabajó con el agua contaminada y terminó desaparecido. Lograron desaparecerlo, pero como él mismo escribió, nunca lograrán que desaparezcan los hechos. Para eso están los periodistas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *