El debate K y el por qué de la ley de medios

El martes último, Gustavo Silvestre sentó en su programa a dos personas con visiones antagónicas sobre la ley de medios. A la izquierda de la pantalla, Lucas Carrasco, quién se considera periodista militante kirchnerista y esta a favor de la ley. A la derecha, Gerardo Young, quién se considera “periodista antes que empleado de nadie”. Actualmente trabaja en el diario Clarín y en Radio Mitre.

Luego de la guerra de spots entre Clarín y el Gobierno, la consigna era clara: ¿qué va a pasar el 7 de diciembre?

“Por ahora el Estado llamará a licitación por las licencias que tiene el Grupo Clarín, ya que éste ejerce una posición dominante en algunos rubros y en otro una clara posición monópolica”, empezó Carrasco. “Y por el otro lado, desde el Grupo Clarín, dicen lo que dicen sus abogados. Y lo que digan sus abogados es irrelevante. A su vez, sus militantes (periodistas), sostienen esta posición irrelevante. Algunos por convicción y otros para quedar bien con sus jefes”.

Invito a que escuchen todo el “debate” entre ambos y se darán cuenta la diferencia entre un periodista que pone por delante la información y un militante que prioriza sus propias convicciones.

No deja de ser interesante analizar el discurso de Carrasco ya que se condice con la lógica de debate K:

1. Cuando hablan de ellos, no se preocupan por los datos que manejan. De hecho, Carrasco habló con muy mala información: El 7 de diciembre, en el peor de los casos para el Grupo Clarín, empieza a correr el plazo de un año para desinvertir en sus licencias. En el mejor de los casos (para Clarín) se prorroga aún más la cautelar que presentaron y seguirá todo como hasta ahora. Sin embargo, Carrasco afirma que el Estado llamará a licitación, lo cual sería violar la ley que, en su artículo 161, establece el plazo de 1 año para que las empresas desinviertan.

2. Cuando hablan de la persona que tienen enfrente, ya no priorizan los argumentos sino sus “intereses”, que como nadie puede brindar cetezas sobre los intereses de otras personas / grupos, los terminan inventando. Carrasco no habló de los argumentos de Clarín en su spot. Sólo dijo que “Clarín dice lo que dicen sus abogados y esto es irrelevante”.

3. Descalifican a su interlocutor para no tener necesidad de escuchar sus argumentos: “Eso lo decís vos que sos un empleado de Clarín, un esbirro de Magnetto”. La falacia ya es muy conocida: No importa lo que diga, importa quién es. Cualquiera la escuchó nombrar en el secundario, se llama Ad Hominem. Carrasco incurrió en esta falacia unas 5 o 6 veces en este debate. Es muy común entre kirchneristas.

Además, si había dudas sobre para qué se voto esta ley (algunos sostienen que para democratizar los medios, otros para eliminar a Clarín del mapa), con éste debate ya quedó muy claro:

Gerardo Young, de los mejores periodistas de investigación de la actualidad, hizo hincapié en que “ya no cree más que esta ley sea para escuchar a los wichis”, Carrasco ratificó esas palabras diciendo que “a mí no me interesa escuchar la radio de los Wichis”.

Entonces la ley es para callar a los críticos mediante dos mecanismos distintos: Que se hable de la ley, de los medios y no de la información y las fuentes que los medios publican. Que Clarín deba vender Canal 13, perder esa cantidad de publicidad privada que recibe en ése canal, tener que despedir personal, criticarlos por eso y empezar a resquebrajarse.

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