Una buena crónica

Sin tiempo para producir contenidos, encontré una crónica que redacté el año pasado para la materia Taller de Escritura, de la Cátedra Cortes. Tenía un pésimo recuerdo de este texto, hasta que revolví entre el archivo del mail y volví a ojearlo. Tiene muchos errores, pero es descriptivo, cronológico y con lindas figuras retóricas. Pasó un año y pareciera salido de otro teclado. No es un destello de genialidad pero al fin y al cabo es una buena crónica:

Nunca estuvo tan oscura la facultad de ciencias sociales de la UBA, como la noche del viernes 28 de mayo de 2011. Apenas minutos faltaban para las 19 horas, cuando llegamos al nuevo edificio de la facultad, dispuestos a escuchar la voz del multipremiado escritor Martín Kohan, quien dictaría una charla titulada “El trabajo con las palabras”.

El paisaje de la facultad era muy extraño: una muchedumbre de jóvenes – mochila a cuestas – yacía en los alrededores de la universidad. El frío empezaba a asomar en el calendario, pero inmersos en la multitud, era difícil no sentir el calor y el murmullo propio de cientos de alumnos dispersos sobre la entrada, esperando que el tendido eléctrico de la calle Santiago Del Estero reanudara su funcionamiento.

De todos modos encontrar al autor, sería fácil entre tantos jóvenes estudiantes. Pues un escritor de tanto prestigio como Kohan, se presentaría con un traje impecable y una elegancia en su accionar que lo distinguiera del resto de los presentes. Sin embargo posados a centímetros de él, incluso mirándolo en detalle, la discusión no cesaba. ¿Era él?

Distinto de lo que pensábamos anteriormente, el mismísimo Martín Kohan, lucía un clásico atuendo deportivo marca adidas y, lejos del maletín que jurábamos que tendría, llevaba una mochila infantil. Al rato confirmamos que esa persona con traje deportivo y mochila infantil a cuestas verdaderamente era él. Es que la titular de la cátedra, Marina Cortes,  se encontraba hablando con él. No había dudas… Sin el traje impecable, sin la apariencia que esperabamos, pero era él.

Lastimosamente la luz no volvió y estando tan cerca de Kohan no pudímos ni escuchar su voz. La cita quedó postergada por una semana, donde las expectativas lejos de esfumarse, aumentaban. ¿Hay un solo narrador en “Cuentas Pendientes”? debate argumentativo que seguía sin respuesta oficial.

7 días habían pasado, el frío era el mismo, la obscuridad se presentaba apaciguada por la luz eléctrica que ésta vez sí funcionaba en la UBA, una semana después de que fuera suspendida la presentación.
Los lugares no tardaron en ocuparse y entradas las 19 hs, Kohan apareció con su hijo y la misma mochila que la semana anterior. Segundos después de dar la cara, la comisión de teóricos lo recibió con cálidos aplausos, dando muestras de la admiración por un científico de la escritura, que hasta el momento, seguía siendo una incógnita.

El micrófono comenzó a funcionar en manos de la jefa de cátedra, Marina Cotéz, quien realizó una breve introducción. Los minutos pasaban, y el misterio seguía en pie. La personalidad del escritor, sus interrogantes y motivaciones no daban señales.

Martín, como lo llamaban los docentes que se habían hecho lugar en la agenda para escucharlo, decidió empezar hablando de teorías literarias. Parecía no estar ni enterado que la comisión presentaría mayores interrogantes sobre “Cuentas Pendientes”, el texto incluido en la bibliografía obligatoria.

Diferenció dos formas de llegar a escribir. “En un extremo nos encontramos con quienes disfrutan del hábito de la escritura, se sientan a escribir, por el placer que causa hacerlo y por otro lado, están los que se sientan a escribir, para ser escritores. Siempre se ponen en juego dos sentimientos contrapuestos, el padecimiento y el deseo de quien escribe”
Padecimiento y deseo, mereció un desarrollo mayor en el comienzo de la clase: “Algunos escriben como locomoción a una historia, tal vez esos escritores, padezcan el hábito de la escritura, pero hay otros que escriben por el mismo hecho de escribir, y la historia narrada pase a ser secundaria” vociferaba Kohan, al mismo tiempo que lo decía se mostraba como un calculador nato de la literatura, “En mi caso trato de calcular todo, todo, cualquier variable para donde pueda terminar una historia, tiene que estar en mis cálculos antes de sentarme a escribir”

Luego señaló el valor de los detalles, “distinto de otras actividades, quienes hacemos literatura, trabajamos con las mismas herramientas que usamos en la vida cotidiana: Las palabras, por eso es importante destacar, que tienen un valor instrumental, pero es en su función litería donde radican los detalles, cada palabra tiene su peso y su textura, en el buen encadenamiento de ellas, radica el éxito del escritor”.

¿Para tanto con las palabras? Por lo visto sí, para algunos que todavía no lograban el entendimiento, fue más preciso al asegurar que “Así como uno puede compenetrarse con una canción al oírla, de la misma forma se puede compenetrar con un texto al leerlo, y como una mínima desafinación nos aleja de la canción, un mínimo error en la utilización de las palabras nos alejará del texto” de esta forma, con mucha categoría pronunció “Escribir, verdaderamente es una lucha con las palabras”.

Era muy difícil no darse cuenta que además de novelista, era docente universitario. Su vocabulario abundaba de palabras técnicas, propias de quien no solo escribe, sino que estudia la escritura. También era sencillo observar que su vocación por la literatura, no era una novedad.

Pasada la primer hora de reunión, Marina Cortéz no dudó en interrumpir “¿‘Cuentas Pendientes’ Martín?”. Y comenzaron los debates, dudas y críticas sobre su última novela publicada. “No quiero condicionar sus lecturas, asique me parecería bien que empiecen preguntando ustedes” Una novela que presenta tal giro para el lector, merecía muchas preguntas referidas acerca del narrador, por los menos esas fueron las que se impusieron en un principio. “En verdad, no hay trampas de narración, es una primera que parece tercera… El libro empieza ‘tengo para mí’, siempre es primera”.

Llegando al final del libro, la historia nos muestra su otra cara. Resuelve las cosas del modo menos esperado. “La idea principal del texto, era que sobre el final, el lector se tenga que poner a pensar todo otra vez”. El narrador en ‘Cuentas Pendientes’, es protagonista principal, y como había asegurado al hablar de teoría, la motivación del autor, estaba puesta sobre el narrador. “La voz del autor en el texto, sin duda es la del narrador y en este caso, da cuentas del enseñamiento, de la ceguera que produce estar obcecado con una persona. Si tenía sexo, era con una prostituta, si se hacía un huevo frito, le tenía que salir mal”.

Lejos de continuar hablando de literatura el autor propone un tópico más que interesante “¿Qué mayor poder sobre alguien que poder narrarlo?”, dando entender así que en cualquier instancia, no solo en la literatura, narrar a alguien, encarna una verdadera relación de poder.

Sobre el final de la reunión, con un clima de confianza, cuando ya algunos alumnos que escuchaban la clase desde el pasillo – debido a la gran cantidad de oyentes y, algunos alérgicos que no toleraban el polvillo – , uno de los alumnos se animó a hacer una comparación que, en cualquier momento podría haber parecido disparatada, pero en ese marco y contexto, generó un ambiente de risa y seriedad, difícilmente descriptible. “Tal vez me mates por decir esto, pero cuando te escucho hablar, sumado a que dijiste que te gustaba el fútbol, podrías ser comparado con Marcelo Bielsa, debido a su obsesión por la actividad que desarrolla”, las risas no tardaron en llegar, entre quienes pensaron que el alumno había quedado en ‘offside’ y algunos otros, que simplemente quedaron expectantes de la respuesta del escritor: “No es la primera vez que me comparan con él… Pero aún así, soy tan fanático del fútbol que tengo miedo de extenderme y que se nos pase la noche, lo único que voy a decir es que los 4 equipos que agarró Cappa están peleando por no descender”.

Como era de esperar, ante las últimas palabras de Kohan, llovieron aplausos. Muchos se quedaron hablando con el autor y a la espera de la firma de alguno de sus libros. Lo cierto es que eran muchos quienes esperaban y aun más quienes ocupaban los pasillos para salir del establecimiento. De nada serviría quedarse, ya que el escritor, ya había dejado su firma en nosotros.

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