Cómo se vivió el 8N desde adentro

Tal como se esperaba, el 8 de noviembre llegó con un arsenal de críticas al kirchnerismo. Una multitud transformó a la Ciudad de Buenos Aires -y a otras ciudades del interior- en una procesión de cacerolas, pancartas y cantos contra el Gobierno nacional: “La reelección / la reelección / se va a la p.. / que los parió”, gritaban. Corrupción, justicia y libertad cambiaria fueron algunas de las consignas más mencionadas de la protesta.

A pesar de que la convocatoria estaba prevista para las 20, desde las 15 un puñado de personas esperaban en el Obelisco. “Trabajo 8 horas por día y me siento estafada. Llego con el último peso a fin de mes y en este gobierno son todos millonarios”, se indignó Irma, en diálogo con Perfil.com. “Ni siquiera saben mentir, Cristina dijo que expropiar YPF era el sueño de Néstor cuando votó a favor de la privatización. Me dan vergüenza”, comentó Gustavo.

Ausencia opositora. Raúl Castells fue uno de los primeros dirigentes del espectro político en mostrarse. Antes de las 18 horas, megáfono en mano, comenzó a fustigar al oficialismo: “Alguien que me diga en qué país vive Cristina, porque habla como si viviera en Suiza”, sentenció. El líder del MIJD pidió por la quita del impuesto a las ganancias y enfatizó en que “esta protesta también es de izquierda”.

Desde Santa Fe y Callao, miles de personas acompañaron su protesta con una bandera nacional de dos cuadras de largo. Marcharon sobre la Avenida 9 de Julio con pancartas que apuntaban contra la corrupción, por justicia independiente y libertad cambiaria: “Cristina, esto no es Harvard”, rezaba una. “Quieren recuperar las Malvinas, pero no pueden recuperar la Fragata”, cuestionaba otra.

Los jubilados también se hicieron lugar en el Obelisco. Antes de las 20, cruzaron la calle Carlos Pellegrini con carteles que pedían por el 82% móvil. Como otros, abogaban por un “no a la corrupción”. Sobre la misma calle, cinco ambulancias del SAME estaban dispuestas por el Gobierno de la Ciudad, pendientes de la protesta.

Cuando la marcha -que llegaba desde Corrientes y Pueyrredón- se estancó, las cacerolas dejaron de sonar por unos minutos. El himno nacional fue una constante de la protesta: varias veces se lo entonó, incluso tapando el sonido de las cacerolas. “Somos la mitad del país que mantiene a la otra mitad”, decía una pancarta en manuscrito.

“15 pé el chori”. Sobre Avenida de Mayo montaron las clásicas parrillas que ofrecían hamburguesas y choripanes a 15 pesos. “Nosotros lo pagamos / Nosotros lo pagamos”, cantaba un convocado.

La mitad de la Plaza de Mayo se encontraba cercada por un vallado que protegía a la Casa Rosada de la protesta. Entre patadas y golpes al cerco se encontraba Débora, interpelando con violencia a la Presidenta: “No somos golpistas ni clase media: yo cobro 2500 pesos. Dejá de dividir al pueblo hija de p..”, gritaba.

Además de críticas e insultos, la Plaza tuvo lugar para la ironía: con máscaras alusivas a Amado Boudou, Guillermo Moreno y Aníbal Fernández apareció el tren de la alegría. “Estoy cansada de que el vice nos guitarree. Es un ladrón”, espetó una de las convocadas, mientras bailaba en el tren.

Las otras máscaras exhibidas durante la protesta fueron las representativas de la agrupación Anonymous. Con ellas, quedó sentada la influencia de las redes sociales sobre una manifestación que mostró una mayor organización que la del 13 de septiembre, a la vez que un creciente descontento hacia la gestión de gobierno.

(*) Para Perfil.com

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