Decepciones Morales

Estas líneas son espontaneas; en honor y repudio a un personaje que admiré toda mi vida y no dejaré de admirar, pese a que ya no puedo entender ninguna de sus desmesuras. No puede entenderse este texto sino, como una visión sincera de un joven sincero que no se arroga ni un sólo gramo de razón:

Queriendo o no, Victor Hugo, aquel relator entrañable, el mentor del relato deportivo en la actualidad, ese tipo que se estudia en todas las escuelas de periodismo, con capacidades para hacer llorar con el relato de un gol a un escéptico del fútbol, se transformó en un caudillo político con un odio tan grande al Grupo Clarín que ya no puede ver nada más allá de éso.

Me resulta inevitable no derramar unas cuantas lágrimas de solo escucharlo relatando el gol de Diego a los ingleses. Y el fútbol me importa poco y nada. Pero Victor Hugo tiene eso. Siempre tiene la palabra justa y bien entonada. Y lo acompaña con un porte, una presencia, una investidura que ni el mejor de los cronistas podría describir con exactitud. Es mágico. Simplemente admirable.

En 2008, luego de un encadenamiento de episodios, Victor Hugo dejó de referirse al matrimonio presidencial como corruptos y estafadores. De momento a otro comenzó a idolatrar al gobierno kirchnerista. Hay quienes sostienen que fue por plata, pero a mí la idea me resulta absurda. Diga lo que diga, VHM se va a llenar de plata. Si en lugar de hablar a favor, hablaría en contra, compartiría el prime time de Canal 13 con Luciano Castro o Celeste Cid. Lo mismo pienso del caso Lanata.

Como hace lo contrario, -repito: queriendo o no- se transformó en el editorialista de lujo de Gvirtz (TVR, DDD, 678) y Szpolski (Tiempo, Infonews, 23, CN23, etc). Dos tipos que en su vida se les cayó una idea política, que nunca tuvieron agenda propia y siempre fueron barriletes políticos. Ahora ven en la Casa Rosada y en la mañana de Continental la agenda a seguir. Sólo alcanza con escuchar su programa de radio, anotar los temas y contrastarlos con los informes de 678 o las tapas de Tiempo Argentino. Lo peor: estos dos tipos no son kirchneristas por ideología, lo hacen por plata. Con nuestra plata.

Y lamento que en esta historia la víctima sea Victor Hugo. Siempre lo escuché hablar mal de Magnetto y de Clarín por su estatus de mafia corporativa. Pero nunca le dieron bola. Ahora tampoco. El kirchnerismo se alimenta de las mafias corporativas (Barrick Gold, Telefónica, Alperovich, Insfran, Skanska, Antonini, etc, etc, etc). Se pelió con una. Y da casualidad es la que VHM siempre odió. Entonces, paulatinamente se enamoró de la causa K. Pero ese no es el problema.

El problema es que en este último mes (8N en adelante) perdió todo ápice de matiz. Perdió propiedad para darle lugar a la militancia veneno. Ya no puede ver las cosas con la complejidad que tienen. Desde hace 4 años que este proceso comenzó a gestarse con Victor Hugo, sin embargo siempre lo defendí. A menudo se le escuchaba decir que, a su criterio, los funcionarios públicos deberían suspender sus negocios privados. Eso era un buen matiz.

Y me alegraba saber que VH lo decía y ningún K lo reproducía. Porque, por un lado demostraba que la ceguera de VH no era tal y, por otro, que a todo el arco K no le interesa VHM, le interesa la propaganda que les brinda. Lo forrean, pero él aplaude.

Recuerdo el 23 de octubre de 2011, cuando Cristina ganó las elecciones presidenciales por paliza. Ese día el periodismo me llevó al búnker de Binner, donde me crucé con Pablo Marchetti. Hasta el momento, para mí era un periodista K sin matiz, pero ése día me demostró lo contrario. “¿Si los medios llamados hegemónicos tienen tanta influencia en la gente, cómo se explica el resultado de la elección de hoy?”, le pregunté. “Sinceramente, a partir de hoy, tenemos que replantearnos la influencia que tienen los medios de comunicación en la sociedad”, respondió, muy dubitativo.

La duda y los replanteos le dan lugar a los matices, al pensamiento propio, a la búsqueda de entender la realidad. Las afirmaciones absolutas son palabras de caudillos que necesitan generar adhesión y mostrarse sólidos para conducir masas. Que para no engañarse intelectualmente, empiezan a sesgar su vista y ven todo con la claridad de quién borró las raíces cuadradas para sólo hacer sumas y restas. Entonces sus ecuaciones dan redondas y se entusiasman, pero son siempre falaces. De ésa forma conducen a sus masas hacia la perdición, con diagnósticos plagados de mala praxis.

Sólo alcanza con agarrar cualquier teoría de la comunicación (de los ’80 en adelante) para darse cuenta que una cosa son las instancias de producción (por ejemplo ir a la redacción de clarín a estudiarla) y otras son las instancias de reconomiento (por ejemplo los resultados de una elección). La interpretación de los resultados del 23 de octubre diferencia a los periodistas serios de los periodistas ciegos. Hace mucho que se dejó de creer que los lectores son tablas rasas (vacías de ideología que el diario inscribe en ellos).

El viernes Victor Hugo dijo que Cristina debió haber ganado esa elección con el 85%. Pero que los medios le sacaron un 30. Entre muchas otras desmesuras, esa fue la ultima que quise escuchar. Siempre lo admiré y siempre lo haré. Pero no más desilusiones. Jugaré al militante veneno, pero en lugar de cerrar mis oídos, apagaré la radio por 4 semanas. Me propuse no volver a escucharlo hasta dentro de un mes. Dejé el ipad programado para grabar algunas de sus próximas emisiones, de mucha importancia por lo que acontecerá el 7D (*). Me duelen mucho las desilusiones. No más Victor Hugo por ahora, no más decepciones morales para mí.

Patricio, de Vicente López.
Twitter: @PatoCaruso

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