Tocale el culo al sistema, comprate un smartphone

Corrían los años ’90 cuando yo insistía en tener mi propia agenda. En verdad, como todo, no me iba a servir para nada, pero era muy chiquito y veía cómo mi mamá la usaba. Definitivamente quería tener una. Entonces establecí un modus que me acompaña hasta hoy: hinchar las bolas para conseguirla.

Así me hice del objeto deseado. Recuerdo que apenas me la compraron anoté todas las películas que quería ver y que pasarían en el cable; algún capitulo de Hey Arnold, Super Campeones o Rockets Powers, mis series favoritas de ése entonces.

Luego del primer uso, la cerré y le pregunté a mi mamá: “¿Cómo me avisa cuando están pasando esas películas?”, consulté con ingenuidad.  (Sí, de chiquito empecé a hacer preguntas picantes). Ella se rió con orgullo (viste que uno dice cualquier pavada y tu familia se pone orgullosa. Bueno, así) y explicandome cómo funcionan las agendas terminó haciendo una breve exposición de lo absurdo que es el sistema: “La gente se despierta y consulta su agenda. Antes de programar una actividad, tenes que consultar tu agenda, etc, etc”. Toda una desilusión.

Yo no quería vivir para unos cuantos papeles mal impresos. Me parecía absurdo. Muy. Creo que esa primera vez, fue una de las últimas. Pasaron años y esa agenda quedó prácticamente vacía. Tiempo después la usé como anotador.

Muchos dicen que utilizar una agenda es el principal signo de estar inserto en el tan putiado como concurrido “sistema”. Algo similar ocurre con los smart phones, esos teléfonos que tienen conexión a internet las 24 horas. Algunos dicen que es el paso que le faltaba dar al capitalismo para tenerte todo el día a disposición. Desde mi experiencia personal sostengo lo contrario.

Antes de comprarme un BlackBerry, tenía que acceder a alguna computadora dos o tres veces por día para chequear mails. Desde un punto de vista laboral o personal (editores, periodistas, fuentes, amigos, tios, primos, etc) lo que sea que me quieran decir de un modo extenso, lo harían en el mail. Entonces adopté el hábito que no quise cuando tuve mi primera agenda: ir a consultar a un objeto qué novedades había.

La cosa se agravó con las redes sociales. Alguien que antes te mandaba un mail, ahora te manda un inbox o un DM en twitter. Entonces el hábito se hizo peor. De hecho, ya tenía el navegador de mi computadora programado para que al abrirlo, me loguee automaticamente en tres pestañas distintas: una en Gmail, otra en Facebook, otra en Twitter.

Ni bien compré un smart la ecuación se invirtió a mi favor. Puedo estar haciendo cualquier cosa que, de llegar un mail o un mensaje a alguna de mis cuentas, ya no es tarea mía ir a buscarlos a la computadora, BlackBerry me lo va a avisar. Y es muy malo en muchas cosas, pero muy bueno en éso. En otras palabras, dejé de estar a disposición de y de empezó a estar a mi disposición.

Ojo, es peligroso. Tomé algunos recaudos. Ya no duermo con el teléfono al alcance de mi mano: hace un mes me di cuenta que respondía mails tipo 6/7 de la mañana, casi dormido. Es gracioso, mi otro yo, ese que responde mientras duermo, sólo esta alfabetizado con cuatro palabras y es muy copado: “ídola”, “groso”, “gracias, loco/a”.

El Ipad fue la optimización. Con distintas aplicaciones, puedo armar grupos de personas que utilizan distintas redes sociales. Lo uso mucho para la facultad: envío un resumen a un compañero que tengo en Gmail, a otra que tengo en twitter y a otro que tenga en Facebook con un solo clic. Del mismo modo, si me habla un compañero de facultad, puedo hacer que el ipad discrimine a qué grupo pertenece. Si a “comu 2 mangone” o “semio 1 fernandez”. Inclusive, sin que se den cuenta, el ipad me da referencias que yo le establecí previamente: “amiga de male”, “prensa montenegro”.

Por otro lado, el argumento que sostienen quienes se oponen al smart es que te llega spam todo el día. Es verdad. También es verdad que si bloqueas un emisor de spam, ya no te llegará más basura de esa empresa. Y que Gmail mejoró mucho estos últimos años su control antispam. Otra cosa que me dijeron es que tenes que pagar un plan mensual costoso. Sí, también es verdad. Pero Cristina tenía un plan para que llegue wifi gratis a todo el país (?).

Suena raro el título de éste post, pero es así. La única forma de tocarle el culo al sistema, es dando un paso hacia adentro.

Hace unas semanas escuché a un profesor de la facultad esbozar una teoría improvisada: todo lo recurrente pasa de bueno a malo y de malo a bueno. Si tenes una virtud y la usas todo el tiempo, se volverá defecto. Si algo malo sucede todo el tiempo, empezarán a aparecer cosas buenas (soluciones). Por dar un ejemplo  (pero no me pidan que tenga total relación) en 2008 el gobierno encontró una gran solución en su pelea con Clarín. Hoy insiste en ello y lo mismo se le está volviendo en su contra. Así lo corroboran algunas encuestadoras (el 20% fluctuante en todas las elecciones que votó al kirchnerismo en 2011, salió a la calle el 8N).

Siempre se dice que el sistema es lo peor que le pasó al mundo. De todo eso malo, algo bueno tiene y es la tecnología. Por eso, comprate un smart phone. Tocale el culo al sistema. Seguro que actuará como cualquiera, se dará vuelta y te dará un golpe.

PD: Este posteo fue auspiciado por BlackBerry (?).
Nah, mentira, si se van a comprar, compren un Iphone o un Galaxy S II.

PD2: para los que dicen que soy prosistema, vean cómo abrí la tercera edición de la revista que edito. La diferencia está en que te sea útil a vos. Y no al revés.

La seguimos en twitter: @PatoCaruso

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