Tres cosas que me hacen sentir un viejo choto

1. Tengo muchísimo levante. Soy una suerte de imán pero que sólo funciona con minitas de 60 para arriba. Pero muy zarpado, eh. Siempre me pasó que todas las viejas me quisieron enganchar con sus hijas. Pero el otro día me subí al colectivo y una vieja que estaba sentada en la primera fila de asientos me miró fijo y dijo en voz alta: “pero qué lindo muchacho, adelante buen mozo” y sonrió. Dejé pasar a un tipo y volvió a la carga: “qué caballero, hombres así no quedan más”. Casi se le cae la dentadura postiza. Temo que las viejas ya no me quieran para sus hijas y me quieran para ellas. Me resisto a aceptarlo. Quizás sea la barbita púber, probaré con Gillette.

2. El domingo a la noche estaba sentado en la redacción cerrando una nota. Para corregirla hice algo inédito: agrandé la letra del texto para leer con mayor facilidad. La vista ya me está jugando malas pasadas y pronto tendré que usar anteojos, algo a lo que tanto me vengo resistiendo. Nunca quise depender de nada material ajeno al cuerpo, pero mi situación ya es crítica. Nunca pensé que llegaría el día en que mi cuerpo necesite ayudas extras para realizar tareas cotidianas. Todos dicen lo contrario pero cuando se trata de salud, yo creo ciento por ciento en que la naturaleza es sabia. Consumir un remedio es la última opción e ir a un médico una cuestión de vida o muerte. Usar anteojos no es de viejo choto, pero en mi caso da cuentas del paso del tiempo.

3. Hoy al mediodía me cayó un mensaje de un amigo que no veo desde hace un buen tiempo. Yo andaba por el centro y él salía de laburar, entonces arreglamos para ir a tomar algo. En medio de la charla abrió mi morral y encontró un ipad y tres libros: Convergence Culture de Henry Jenkins, sobre comunicación digital; Constructores de Otredad, un libro de antropología; y Pensar bien Sentirse bien, un libro de psicología. Mi amigo comenzó a hacer preguntas al estilo: “¿Qué haces con dos libros de la facultad y uno de autoayuda?”; “¿No era que habías terminado de rendir?”.

Medio acalorado, empecé a justificarme: “el primero lo tengo porque laburo en digital, viste, siempre me estoy instruyendo sobre el tema. El segundo es porque estoy preparando una columna sobre un texto de Godelier que vi en la facultad el año pasado”, respondí. “Ahh, ¿y el de autoayuda? ¿Estas en crisis?”, me preguntó. “Boludo, si andas con quilombos, estoy para lo que necesites”, me dijo. “No, pero viste que siempre me interesó conocer cómo se relacionan los pensamientos propios con los estados de ánimo y esas cosas”, respondí. Seguído a eso me dijo algo que me dejó pensando: “pero boludo, no tenes que pensar sobre vivir mejor. Tenes que vivir peor. Mandarte cagadas. De esas cagadas te arrepentis cuando sos viejo y ahí es cuando empezas a leer autoayuda. Leer sobre vivir mejor cuando nisiquiera viviste mandandote cagadas, es decir, peor, es de viejo choto. Pero mal”.

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