El poder de naturalizarse en el sentido común

En las altas montañas de Nueva Guinea, isla ubicada al norte de Australia, viven los Baruya. Sin divisiones de clases, la tribu vive de la cría de animales y de la producción de sal con una fuerte dominación de la población masculina sobre la femenina. En la jerarquía social, los hombres prevalecen sobre las mujeres y los adultos sobre los jóvenes.

Entre los ocho y los diez años de edad, los niños Baruya son separados de sus familias para realizar un ritual de iniciación que sólo se lleva a cabo entre hombres. La parte más importante del ritual es el aprendizaje de un lenguaje nuevo donde los mayores les enseñan determinadas palabras a los niños. Palabras que ninguna mujer Baruya podrá conocer jamás.

Su máxima creencia religiosa se sustenta en que los rituales masculinos (que tienen como protagonistas a esas palabras que las mujeres no pueden conocer) son los que permiten que su tribu no se extinga. La premisa subyacente de la creencia Baruya se basa en que si las mujeres pueden quedar embarazas es gracias a la tarea que desarrollan los hombres en sus rituales.

En la década del ‘60, Maurice Godelier, un antropólogo francés, dedicó muchos años de su vida a investigar el funcionamiento de ésa sociedad. El investigador observó que mientras los hombres llevan adelante su ritual secreto, las mujeres se reúnen a realizar algo parecido.

En lugar de complotar en contra de los hombres por marginarlas de los rituales, como podría pensarse desde el sentido común, las mujeres veneran y realizan oraciones de protección hacia ellos.

El hecho paradigmático ocurrió cuando una de las mujeres de la tribu empezó a cuestionar el secretismo y la supremacía de los hombres sobre las mujeres. “¿Por qué ellos pueden conocer las palabras y nosotras no?”, arengaba. Se preguntó lo que el sentido común te obliga a pasar por alto. A los pocos días esa mujer estaba convencida de que el poder de reproducción de la raza no consistía en los hombres, sino en las palabras. Es decir, la mujer Baruya desafió el sentido común de su sociedad.

Una noche cambió todo. Ella comenzó a arrojar piedras sobre la famosa casa de los rituales, allí donde los hombres consolidaban su dominación sobre las mujeres. Lo que reclamaba era igualdad entre hombres y mujeres, que los hombres terminen con su farsa. Fue en ese momento cuando el mismo hermano de la joven la mató.

Todos los Baruya consideraron que esa mujer padecía una demencia grave. Y su hermano cruzó los límites de la filiación: prefirió matar a una hermana para, según su creencia, proteger a la raza de sus locuras.

El análisis de lo acontecido demuestra que el verdadero poder de una sociedad se encuentra en el sentido común que se establece. Y que luego, en última instancia y sólo con eventualidad, se usa la fuerza física.

Su peligrosidad radica en que actúa bajo las sombras: su principal arma es el consentimiento. No es la palabra, sino los silencios. La cuestión no son las preguntas, es todo aquello que no nos preguntamos y que asumimos como verdadero.

CAUSA DE NOTICIAS pone en tapa un tema que desafía el sentido común de los occidentales. Pasaron guerras y miles de vidas perdidas; la economía de las dos potencias mundiales del sistema capitalista -y por consecuencia todo el resto de la economía mundial- basada en el petróleo como insumo que, aunque es tóxico para el medio ambiente en un futuro cercano, se estableció en el sentido común como el oro del futuro.

Mehran Keshe desarrolló, a través del magnetismo y la gravedad, una tecnología que es capaz de reemplazar al petróleo: de una forma libre y, por el bajo costo de los reactores de plasma, de una forma igualmente accesible para todos los rincones del mundo. Las pruebas de Keshe ya están a la vista en YouTube, pasaron las pruebas que el método científico necesita. Naturalizar su tecnología en el sentido común es el próximo, y último paso que necesita dar. ¿Lo logrará?

Por el momento tiene tres puntos a su favor. En primer lugar, ya fue considerado como un loco por desafiar el sentido común. En segundo lugar, no tiene hermanos. Y en tercer lugar no lo mataron. Por los menos por ahora.

(*) Para la revista Causa de Noticias.

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