Pudo ser otra víctima

Uno de los temas que más me apasionó (y entristeció) tratar este año fue la siempre interminable red de trata de personas. “Si el tráfico de blancas fuera un negocio, lastimosamente Argentina sería un país ideal para invertir”, me dijo el vicepresidente de Alameda en una de las entrevistas que mantuve con él. Me explicó que para garantizar la existencia de estas redes tienen que darse muchos factores: exclusión social, consumidores, connivencia política y judicial, etc. El problema es que todos estos factores se dan en nuestro país y nada hace pensar que esto vaya a cambiar.

La reflexión final fue que atrás de la trata se esconde lo peor del hombre: no solamente la pulsión sexual desenfrenada de los consumidores y las caracteristicas imposibles de adjetivar (hijosderecontramilputa es poco) de quienes conforman estas redes, sino que además el desinterés de la masa crítica.

Desaparece María Cash y todos nos alarmamos, pero en Argentina desaparecen personas todos los días. Claro, no son cosas que llamen la atención de la opinión pública por cuestiones de identificación. En el fondo, todos (consumidores de medios) sentimos que Cash puede ser nuestra hermana, prima o novia. Pero cuando desaparece una nena de la 1.11.14 pensamos que nos hablan de otro planeta, de otra red de trata, de algo muy ajeno a nosotros.

Como uno de los últimos posteos del año, reproduzco una carta de lectores (debo ser uno de los pocos que aún las lee) publicada el viernes último por el diario LA NACION.  Reproducirla es un modo de estar prevenidos, sobre todo para potenciales víctimas. Y de este modo, ofrecer resistencia.

Carta de lectores, 14/12/12, diario LA NACION:

PUDO SER OTRA VÍCTIMA

A través de esta carta queremos advertir a la gente y a las autoridades de un episodio vivido por nuestra hija la semana pasada, que podría haber tenido consecuencias muy graves y dolorosas. Ella llegó a la estación de Retiro alrededor de las 17, para tomar el tren, cuando un hombre le dijo que huela un perfume, para ver si le gustaba. Nuestra hija le contestó que no, que estaba apurada, y entonces el hombre le tiró el “perfume” en el brazo. Inmediatamente comenzó a sentirse muy mal, pero logró subirse al tren. Mareada, con náuseas, su malestar empeoró, y no podía hablar. Se sentía como perdida. Cuando logró hablar, llamó por teléfono. Dijo que no sabía en qué estación estaba, que tenía mucha sed. Le dijimos que pidiera ayuda a la gente del vagón. Se la oía mal. Alguien le decía que estaba en Paternal (o sea, durante cuatro estaciones no pudo hablar ni estar plenamente consciente). Enseguida, se ve que alguien oyó que se sentía mal, le dieron un asiento y la ayudaron. Finalmente llegó bien a casa.

Creo que queda claro que la intención del que le tiró la sustancia era dejarla inconsciente. Esto está claramente ligado a la desaparición y a la trata de personas. Por suerte su reacción la ayudó a salir del paso.

Les pedimos a las autoridades que actúen con decisión, ya que si hay voluntad es posible identificar y desarticular estas redes de delincuentes. Nos tenemos que cuidar entre todos y, aunque nos duela, alertar a nuestros hijos, además de estar atentos y ser solidarios si vemos algo raro en la calle, en el subte, en el tren o en el colectivo.

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