No hay lugar para gente fea

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Si tenías la leve sospecha de que hay reglas -convenciones- generales de belleza física y que, por alguna casualidad, todas las personas que aparecen en los medios siguen estas reglas, te felicito, estabas en lo cierto.

Por primera vez la ciencia confirma lo que ya sabíamos desde hace mucho: la gente “linda” tiene una “mejor vida” que la gente fea. Una tendencia que se imprime en los medios de comunicación.

Daniel Hamermesh, un prestigioso profesor universitario especializado en Economía del Trabajo, retocó distintas fotos para adjuntarle a una cantidad determinada de curriculums para enviarlas a empresas que buscaban personal.

Para confeccionar las fotos, se encargó de que la mitad tuviera proporciones faciales exactas, en tanto la otra mitad rompiera con estas proporciones: nariz más grande, frente más amplia o entrecejo separado.

El resultado: los que tenían las proporciones faciales correctas recibieron un 36% más de llamados que los otros y, para peor, más rápidamente. Algunos CV que estaban sin foto, fueron llamados antes que los “feos”.

En el detalle del informe, este economista de Texas, indica que los “lindos” ganan un 15% más, tienen mejores trabajos y hasta más cantidad de amigos personales y contactos en las redes sociales.

“Abogados, políticos, futbolistas, prostitutas, todos ellos ganan más y les va mejor si son lindos”, concluye Hamernesh, en su libro La belleza paga.

Asegura que sus estudios son producto de años de trabajo cuantitativo en distintas estadísticas llevadas a cabo en Estados Unidos y Canadá. “A todos nos gusta más tratar con gente linda”, explica.

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De todos modos, el autor hace una salvedad. “Hay un oficio en el que no importa la belleza. Es la del ladrón que, al contrario, cuanto más feo, mejor. Más asusta”, ironiza.

Lo cierto es que esto es algo que ya sabemos desde hace mucho tiempo. Y, como todo, tiene una incidencia clara en el ámbito que estudiamos en este blog: la comunicación.

El informe del norteamericano, va a cuento del texto que me tocó desgrabar hace unas semanas de Martín Becerra titulado “Medios nacionales que no piensan más allá de Palermo”. Lo que sostiene el autor es que en Argentina, todos los medios están marcados por la impronta estética del barrio porteño de Palermo. Algo que también noté cuando me tocó ir a Ideas del Sur, causalmente ubicado en las inmediaciones de ése lugar.

Becerra manifiesta que en Argentina hay una gran diferencia con lo que acontece en Brasil, donde el noticiero de Río de Janeiro lo conduce un negro con un acento bien local, en tanto en Florianopolis lo conduce un rubio con otro acento más cercano al portugués ortodoxo.

En nuestro país se suprimen esas diferencias. Desde las escuelas de locución, hasta lo que puede verse en la pantalla. El canon de belleza está marcado por la misma lógica. Y, quien no lo cumpla, así como no tendrá lugar en la conducción de un noticiero -sin importar sus buenas condiciones profesionales-, tampoco lo tendrá en ningún otro ámbito.

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Por eso la comunicación es paradigmática. Quizás sea mi obsesión por la materia, pero toda nuestra sociedad puede ser analizada de manera certera con sólo analizar los medios que, como ya se dijo y repitió en este blog, son lo que nosotros queremos ver, es donde se evidencian los procesos de identificación y actúa la ley del rating.

El último domingo, en la TV Pública -que no tiene urgencias de medición ya que es financiada por el Estado- dio inicio a un nuevo ciclo denominado “Fútbol Permitido”. Resulta curioso hacer un breve análisis por este programa, ya que  además de cumplirse estas leyes, se esconde una fuerte impronta machista, también presente en el resto de los medios, aunque menos evidente.

La conductora es Alina Moine, quien tiene condiciones profesionales de sobra: es locutora profesional, hace un buen manejo de la información y tiene un ritmo televisivo muy preciso. Además de sus condiciones como periodista, Alina también hizo trabajos de modelaje y, a simple vista, me animo a afirmar que le dedica unas cuantas horas semanales a cuidar su propia figura.

Por si hacía falta es rubia, tiene ojos claros, es flaca, se viste con ropa ajustada y un escote prominente. Cumple a la perfección con el estereotipo de “mujer linda” que tiene nuestra sociedad.

La contrafigura es el conductor: Alejandro Apo. Lejos de las caracteristicas del galán de telenovela, Apo es gordo, desproporcionado, gigantón, torpe y, a mi criterio, tiene menos talento como conductor que Alina: le falta ritmo, aburre y es inflexible a la hora de manejar el programa.

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Siguiendo estos canones, podríamos afirmar que Apo es alguien feo de ver, y que Alina es alguien lindo. Si en la TV todo es imagen, ¿por qué Apo puede darse el lujo de descuidar su figura y Alina no?

Es aquí donde aparecen los rasgos machistas: las mujeres tienen que cumplir estas reglas. “Si la minita no está buena, mejor que no esté”, parece ser la idea subyacente. No hay lugar para una mujer con panza, petacona o cuadrada. Y, recordemos, si el machismo está impreso en los medios -junto con todos estos rasgos despreciables- es porque los imprime nuestra sociedad.

Nunca entendí por qué una chica que responde a estos canones de belleza, se considera que “está buena”; mientras que otra mucho más deslumbrante desde un punto de vista intelectual y moral, no. John Lennon tenía razón. Tenemos los valores invertidos -está “todo al revés”- si ubicamos a la belleza física antes que a la actitud o facultades de una persona.

Twitter: @PatoCaruso

Foto 1: conductoras de noticieros internacionales.
Foto 2: conductoras de noticieros locales.
Foto 3: Alina Moine, conductora de “Fútbol Permitido”.
Foto 4: Alejandro Apo,conductor de “Fútbol Permitido”.

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