Bergoglio, ¿de qué planeta viniste?

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La noticia sacudió al mundo y hasta que no apareció por los balcones de la Basílica de San Pedro, nadie lo podía creer. Jorge Mario Bergoglio, el Cardenal argentino y Arzobispo de Buenos Aires, se transformó en una de las personas más poderosas del mundo después de ser elegido como el reemplazante de Joseph Ratzinger al frente de la Iglesia Católica.

Apenas salió, lo que dijo fue un chiste: “Ustedes saben que el deber del Cónclave era darle un obispo a Roma. Siento que mis hermanos cardenales fueron a buscarlo al fin del mundo. Les agradezco la bienvenida”.

Minutos después empezó a circular en tuiter que los argentinos somos los mejores del mundo. Claro, hicieron cuentas: Messi, Maradona, el Papa, la calle más ancha, el río más largo y las minas más lindas del mundo.

Siempre odié la figura del típico argentino que se cree mejor que los demás. Es el mismo tarado que se cree superior por no pagar el colectivo, o piensa que es más vivo por adelantarse en la cola de un banco. Son los mismos estúpidos que empezaron a replicar eso en twitter. Pero que lo escriban no es lo peor, lo peor es que lo creen y se comportan de esa forma de verdad.

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Que el papa sea argentino es una gran ventaja para los periodistas locales. Tenemos acceso a información de primera fuente que es de interés para todo el mundo. Sin embargo, la mejor descripción que leí sobre Bergoglio, no la publicó un medio argentino. La escribió Pablo Ordaz, corresponsal del diario español El País en Roma. El primer párrafo dice así:

<< Un Papa que sonríe, que da las buenas tardes, que hace una broma apenas unos minutos después de recibir sobre sus hombros el peso entero de una Iglesia lastimada, que pide la bendición antes de darla, que es jesuita como tantos otros que consiguieron hacer caminar de la mano de la fe y el conocimiento, que vivía en un apartamento en vez de en un palacio cardenalicio y se montaba en el transporte público para ir a confortar a los enfermos y a los pobres, un Papa que hace ocho años pudo serlo y dijo que pase de mí este cáliz, un Papa que viene del nuevo mundo, que tiene cara de buena persona y que elige el sencillo nombre de Francisco, es una oportunidad a la esperanza>>.

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Ni bien nos enteramos que Jorge Bergoglio era el nuevo papa, corrí a la Catedral Metropolitana, donde el arzobispo vivía hasta el martes pasado, cuando agarró su maletín, se calzó su sobretodo, se subió al auto de uno de sus amigos que lo alcanzó a Ezeiza para subirse al avión que lo llevó al cónclave que hoy lo convirtió en el Sumo Pontífice.

En la Catedral tuve la posibilidad de entrevistar a cuatro personas que vivieron (hasta la semana pasada) con Bergoglio y por eso doy fé de que Ordaz acertó en su descripción. Bergoglio está muy lejos de ser el típico argento.

No llegó a ser una de las personas con más poder en el mundo por una avivada. Llegó por hacer exactamente lo contrario de lo que haría cualquier argento: uno de los tres motivos que, se presume, terminaron de coronarlo fue su actuación en el cónclave de 2005, cuando el elegido fue Ratzinger.

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Según reconstruyó el diario italiano La Stampa, para destrabar una votación muy reñida, Bergoglio les pidió entre lágrimas a los cardenales que dejaran de votarlo para que Ratzinger sea el reemplazante de Juan Pablo II. Me imagino a un argento ahí metido, haciendose loby a más no poder para que dejen de votar por el alemán y lo voten a él.

Bergoglio nació en Ciudad de Buenos Aires y, lejos de lo que podría creerse, llegó a ser uno de los más poderosos caminando la calle, tomandose el colectivo para ir a ver a las personas que más lo necesitan y renunciando de los privilegios que podría tener por ser un Cardenal.

Bergoglio es millonario, pero no por tener una abultada cuenta bancaria (que no la tiene); es millonario porque no necesita nada de eso para ser feliz. Porque su felicidad radica en ayudar a los demás y eso genera un círculo virtuoso que es absolutamente arrollador.

Del mismo modo, Bergoglio se transformó en poderoso una vez que tuvo suficiente poder como para saber renunciar a él 8 años atrás. Bergoglio es argentino, pero no argento. Ojalá nos sirva para cambiar nuestra imagen en el mundo entero, pero por sobre todas las cosas para cambiar nosotros como sociedad.

 

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