¿Se puede ser tan paranoico?

Ayer fui a cubrir la vigilia que llevaron adelante los fanáticos de Víctor Hugo Morales en las puertas del juzgado donde debía presentarse junto con Héctor Magnetto. Allí, ambos realizarían un careo previo a la efectivización de la demanda que el empresario le inició al locutor por “daños y perjuicios”. Durante la semana, sus seguidores se autoconvocaron para darle un fuerte apoyo al periodista.

Me fui realmente impresionado, luego de ver la gran convocatoria del relator uruguayo, pero por sobre todas las cosas la fidelidad que tiene su público para con él. Soy joven, no vi demasiadas cosas, pero nunca algo parecido.

Sobre los dos episodios que voy a comentar a continuación, adelanto una reflexión final: capaz esto fue siempre así y yo lo veo ahora. Reconozco que me tocó ingresar a laburar en el periodismo en tiempos difíciles donde todo tiene cinco interpretaciones, donde cada palabra desata un mundo conspirativo como si todo lo que un redactor hace es por algo épico: para voltear un gobierno o para beneficiarlo y que se perpetúe en el poder.

Episodio uno. En la convocatoria había un centenar de carteles y pancartas que apoyaban a Víctor Hugo. La policía ya había cortado la calle, a metros de la 9 de julio, por la cantidad de personas que había. En ese momento irrumpió una mujer con un cartel que decía “Víctor Hugo traidor”. Yo estaba con un amigo productor de VH en TV y me dijo “mirá eso”. Entonces saqué mi cámara y traté de tomarle una foto. Un viejo se enfureció, le sacó el cartel a la mujer a la fuerza y la echó. El video que encabeza este posteo es una parte (*).

Episodio dos. El hecho fue algo sumamente aislado y menor. A mí criterio, dedicarle una nota aparte o un lugar destacado en la crónica era desatinado con lo que realmente había pasado. Entonces, cuando llegué a la redacción, me senté a escribir una nota en la que sólo escribí cuatro líneas sobre ese episodio. Hice lo que hago con todas las coberturas de este tipo de eventos: contar cuáles eran los cantitos, algunas declaraciones de las personas importantes, describir de algún modo qué fue lo que se vivió. Por dar un ejemplo, hice lo mismo que cuando cubrí el 8N.

Repercusión episodio uno. Después de echar a la “magnettista”, el viejo me acusó de haberla llevado yo. “Claro, la trajiste, le sacas la foto y después contas que esto era todo de Magnetto”, dijo. Traté de hacerlo entrar en razón, le dije que no tenía interés en llevar a nadie, que estaba cubriendo lo que pasaba, y él continuó: “Esto no lo va a cubrir ningún medio, vos viniste a buscar esa foto, a mí no me jodas”.

Su razonamiento: los medios hegemónicos (Perfil adentro) vamos a los lugares a crear la noticia. Lo que él piensa es que fuimos dos redactoes (o que tenemos un ejercito de antiVHs) y que mi supuesta compañera sostuvo un cartel para que yo saque la foto. Después, mechamos esa foto con planos largos y listo, clincaja, tenemos una cantidad incomensurable de “magnettistas”. Ignoró por completo las otras fotos que los fotografos de Perfil, como de todos los medios, hicieron en el lugar.

Repercusión episodio dos. No todos, pero algunos foristas de Perfil.com dijeron que estábamos cobrando pauta por cubrir eso y, además, que todos los que fueron estaban pagados por el gobierno. Ignoran por completo todos los litigios judiciales que tiene la Editorial Perfil con el Estado por este tema. Para que se den una idea aproximada, a números de principio de año, por cada diario Página|12 el Estado paga lo mismo que el lector. Por cada diario PERFIL, el Estado pone 0,3 centavos y por cada Revista Noticias el Estado pone 0,0.

Su razonamiento: por cubrir una convocatoria masiva como esta, estamos con Víctor Hugo y nadie puede pensar distinto por convicción, lo hacen por plata. Es decir, Zannini llamó a la redacción, le pidió a mi editora que cubramos esto, nos mandó un sobre con plata en concepto de pauta. Una locura absoluta.

En Twitter, lo mismo. Como yo hice mi laburo con el mismo criterio de siempre, una internauta entendió que yo era “admirador” de Víctor Hugo pero, por necesidad, tenía que laburar en contra de él.

Lo peor de todo: ambas partes entienden que estamos en una guerra envuelta en épica. Los victorhuguistas creen que están haciendo la revolución nacional por estar en contra de Clarín. Piensan que todos los problemas de la Argentina se solucionarán cuando el Grupo Clarín deba vender Cablevisión y Canal 13 por la ley de medios. Este es uno de los puntos que me separa de Víctor Hugo: en el momento que todo tu análisis de la realidad política se basa en esa lógica, entonces tu criterio te está jugando malas pasadas. Porque  si Clarín vende medios, las pobres van a seguir dependiendo del Estado para sobrevivir; la clase media no tendrá capacidad de ahorro por la inflación más restricción cambiario y, junto con la clase media alta, van a seguir sintiendose inseguros porque independientemente de que nadie lo diga en la TV, a un vecino le entraron a la casa, a un amigo le robaron en un bar, a un primo lo asaltaron en la calle.

Los odiadores de VH, en cambio, entienden que si hablas bien del gobierno estás comprado. Que por reproducir lo que otro dice a favor de Víctor Hugo y en contra del Grupo Clarín, estas buscando quedar bien con algún funcionario. Nadie entiende de qué se trata le periodismo. No sé si esto fue siempre así o es algo de estos tiempos.

El otro día escuché una entrevista que le hacían al jugador de fútbol Pablo Aimar. Decía que un jugador tiene que preocuparse por desempeñarse bien adentro de la cancha, y escuchar lo que dicen sus compañeros y su director técnico. Sobre el resultado y lo que diga la hinchada, admitió: “Me importa mucho, aunque ser profesional es hacer que no te afecte sin llegar al desinterés total, porque ese día dejas de jugar”.

Twitter: @Patocaruso

(*) Aclaro que no publiqué las imágenes en Perfil por cuestiones sindicales que nada tienen que ver con cuestiones políticas o periodísticas.

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