¿Qué harías después de estar preso durante 27 años?

news_photo_42750_1378145008Cuando Steve Jobs tenía 21 años fundó Apple en el garaje de su casa: allí empezó vendiendo placas mother a locales de computación -que eran visitados mayormente por ingenieros en sistemas-. Al poco tiempo se propuso crear una computadora completa, pensada para el consumidor final, que se llamó Apple II. Fue un éxito total. A los 26 años, uno después de que su empresa saliera a la bolsa, el joven Jobs ya era millonario y había “cambiado al mundo” después de crear una computadora personal.

Lionel Messi se fue de Rosario a los 13 años. A los 16 se convirtió en el ser humano más joven en jugar un partido en la primera división española. Al año siguiente ya conformaba la plantilla titular del mejor equipo del mundo. A los 19 jugó su primer mundial y a los 21 se convirtió en el mejor jugador del planeta. Al día de hoy, salvo en Argentina, es considerado como el mejor jugador de la historia. Hoy es capitán de su selección y del Barcelona -el mejor equipo de fútbol que la humanidad ha visto-. Todo eso en 26 años.

Solo por citar dos casos de miles, todo eso se puede hacer en menos de 27 años que es el tiempo que Nelson Mandela estuvo preso. El tiempo que a Messi le llevó ganarse un puesto como titular en el Barcelona, 18 años, fue el tiempo que Madiba vivió hacinado en una cárcel con pésimas condiciones de vida, donde no tenía ni nombre: era el recluso 46664. Vean las fotos, es terrible.

Hoy, después de la adrenalina que se respira en todas las redacciones del mundo al momento de cubrir la muerte de un personaje como este, llega el momento de la reflexión: el otro día manejaba por la 9 de julio cuando un auto casi toca a otro. Ambos empezaron la clásica picanteada argenta, de arrimarse los autos y putearse en los semáforos, que les duró casi toda la avenida más ancha del mundo y se terminó cuando se subieron a la autopista. ¿Qué harían estos tipos después de estar 27 años presos?

¿Cuántas veces te enojaste por una mala contestación de algún familiar? ¿Cuántas veces sentiste que si no aprobabas una materia era el fin del mundo, que si te ibas de tu trabajo todo se terminaba, que si tu novia te dejaba tu vida iba a ser peor o que si te comprabas tal cosa tu vida iba a estar mejor? ¿Cuántas veces estuviste todo el día con cara de orto por una mala noticia? ¿No te parece, ahora, todo una gran pavada?

Bueno, acá hay un tipo que estuvo 27 años -el tiempo que le llevó a Messi ser el mejor futbolista de la historia y a Steve Jobs a cambiar el mundo- preso. Salió y no quiso matar a quienes lo condenaron. Por el contrario, pidió por una sociedad donde no se permita la opresión de un individuo sobre otro y dijo que iba a luchar para terminar con la “dominación de los blancos sobre los negros, y los negros sobre los blancos”. Lo único que quería: “Un hombre, un voto”.

Y, creo, acá está el mayor mensaje que Mandela nos dejó: el poder del perdón como camino para llegar a la integración. En lugar de perdonar a quienes lo privaron de la libertad durante casi tres décadas hubiera tomado venganza, Mandela hubiera ensanchado aún más “la grieta” sudáfricana y la guerrilla continuaría quien sabe cuanto. Pero no, Madiba eligió perdonar.

De todas sus frases, las cuales recogí hace ya unos meses cuando armamos la tapa de la revista Causa de Noticias, yo me quedo con una muy especial: “Para saber qué tan bien te ha ido en la vida, debes fijarte qué tanto has mejorado la vida de los demás”. Con esa sentencia, Mandela le dio vida a un concepto memorable: cuando sos conciente de que te vas a morir, empezás a ver qué es lo que hiciste por el otro. Porque después de todo, es lo más importante que vas a hacer en tu vida.

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