Me mudo a un departamento, pero sigo bajo el mismo techo

lapostaDos ambientes, ahorrar cuarenta minutos de viaje al trabajo y a la facultad, más algunas facilidades contractuales, fueron suficientes motivos para dejar atrás veintiún años de la casa de papá en Vicente López por la “incertidumbre” de un departamento en Almagro.

¿Por qué incertidumbre? No sé bien cuándo, no sé si se dieron cuenta, pero unos metros cúbicos de hormigón y ladrillo, recubiertos con tejas, se transformaron en el ícono de la seguridad de nuestros días: el techo propio. Lejos de eso, un departamento con un contrato de un año, gastando el 50% de tu sueldo en alquiler y gastos fijos tendría que generar todo tipos de incertidumbres a futuro.

Es que tener un “techo propio” es sinónimo de seguridad y de riqueza. Significa que uno puede ser totalmente infeliz pero tendrá cuatro paredes para compartir todo tipo de fracasos. No importa ya si tu mujer te mete los cuernos, si trabajas de algo que no te gusta, si estás ahogado en el sistema crediticio, si se murió algún familiar querido: tenés el techo propio, tenés donde llorar, tenés ese lugar para volver del trabajo y putear, tenés donde invitar a gente conocida. Tenés, tenés y tenés. Tenés, quizás, todas las seguridades menos la más importante: la certeza de que vas a ser feliz.

¿Cómo se consigue esa felicidad? Haciendo lo que a uno le gusta. De verdad, conozco mucha gente infeliz con casa propia, pero ninguno que alquile y haga lo que le gusta que sea infeliz. Posta.

Por eso, ahora me mudo, doy un paso importante, con pocos motivos para hacerlo: voy a pasar muchas menos horas del día en transportes públicos y voy a tener que administrar peso por peso si quiero llegar al 30 poniendole un poco de queso al arroz.

Me voy a vivir sólo con tantas chances de fracasar para volver a intentar, como para no volver nunca más a la casa de papá, pero la seguridad, el techo sigue siendo el mismo: mi oficio. Mientras lo pueda llevar conmigo, siempre me dará ese lugar donde descansar para poder alimentarlo. En serio, yo doy todo por él; estoy seguro que algún día lo dará todo por mí.

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