“Más temprano que tarde, la verdad triunfa”

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Estoy convencido de que el ritmo del último momento nos vuelve a los periodistas cada vez más cínicos:: no importa si balean a un nene, miles mueren en un tsunami o meten en cana a un funcionario; siempre tenemos la misma cara para informarlo. Cada tanto, muy cada tanto, aparece alguna noticia que nos genera algo. A mí me pasó ayer. Quizás por la nostalgia de fin de año.

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Fue cuando me enteré, en el auto y gracias a un grupo de WhatsApp, que finalmente la denuncia del fiscal Alberto Nisman sería investigada. En realidad, no sé si algún día sabremos qué pasó con él, ni siquiera si su denuncia era válida. Tengo mis motivos para no creer en un Poder Judicial que en un año procesó, embargó y detuvo a cuanto kirchnerista se ocupó de defender hasta el 10 de diciembre de 2015.

Tampoco creo que el fiscal Nisman haya sido un prócer de la democracia. Al contrario, encajó perfecto en este mismo Poder Judicial nefasto. Pero sí me llegan las personas que están dispuestas a hacer algo que las trascienda. Es decir, jugarse todo por algo cuyo resultado final no llegarán a ver. Y Nisman, se le notaba en los ojos, era una de esas.

Por eso cuando me enteré que el destino le había hecho un guiño y que su denuncia no había muerto con él, me lancé a buscar el último mensaje de WhatsApp que Nisman le había mandado a sus allegados antes de hacer esta denuncia.

Es un mensaje muy significativo porque demuestra que estaba completamente conciente de todo lo que estaba haciendo.

Con esa cadena de WhatsApp inauguró una larga lista de predicciones de lo que iba a ocurrir (dice “con esto me juego todo”). Sabía que con esa denuncia se quedaba sin la protección del Estado argentino estando sentenciado a muerte por el Estado iraní. Es decir, con nulas chances de sobrevivir.

Sabía, además, que lo iban a difamar (el kirchnerismo llegó a tildarlo tanto de corrupto como de ‘gatero’ y, al mismo tiempo, de ‘gay’) y por eso le dijo a sus hijas que “iban a decir las peores cosas de él”, tal como lo contó públicamente.

En ese mismo mensaje dice una frase que, pese a sus propia vida, es la más significativa: “Más temprano que tarde, la verdad triunfa”.

Ahora, cuando todos hacemos balances de fin de año y nos ponemos objetivos para el próximo, me acuerdo de este audio y me pregunto cuántos de nosotros estamos dispuestos a “jugarnos todo” por algo. Quizás es porque no tenemos esa convicción de que el resultado exitoso, más temprano que tarde, llegará.

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