UN CÓCTEL ARTISTICO EMERGENTE, EN MANOS DE LAS TRES A

Antonella, Ariana y Agustina son hermanas. Pero además del apellido comparten un mismo ideal artístico que las llevó a montar su propia galeria denominada “Las tres A”. Músicos, dibujantes, actores y escultores encuentran vida en su galería donde “las tres A” se fusionan en un solo concepto: Vocación artística.

Ariana, Antonella y Agustina en su galería “Las tres A”.

El 13 de noviembre inauguraron su propia galería de arte, plasmando un lugar abierto para artistas plásticos donde exponen y comercializan las obras. Sumaron Arte y Ayuda, ya que un porcentaje de la venta de los cuadros es destinado para contribuir con los fondos  de LA FUNDACION F.H.E.R.S., lugar donde está ubicada  la Galería las tres A, en la ciudad de  Vte López.
“Buscamos ambientes cálidos que logren conmover”, dice Antonella (29), la mayor de las hermanas. Es arquitecta y realiza el montaje del espacio. Asegura que “Si se fueron con la misma cara que llegaron, algo salió mal”. Ariana (28) es actriz y profesora de arte dramático. Es quien dirige la galería. “Trato de aportar a cada muestra un clima emparentado a una puesta en escena”, señala mientras recorre la exposición vigente, denominada “Contraste simultáneo

La curaduría de las muestras está a cargo de Agustina (22), la menor de las hermanas. Ella es directora de arte y tiene el objetivo de impulsar a artístas plásticos, fotógrafos e ilustradores que “con su esencia traspasen el muro”, subraya y agrega: “no es muy difícil encontrar jóvenes con cualidades para exponer, hay mucha gente con talento”.
De esta forma conviven músicos, pintura en vivo, actores y profesionales especializados para cada uno de los espectáculos artísticos que llevan adelante en cada inauguración. “Nuestro principal objetivo es que los visitantes logren conmoverse con la puesta . De eso se trata la actividad artística”, enfatiza Ariana.


La onda expansiva parece no tener fin para esta firma, ya que aseguran: “No nos limitamos a desarrollar producciones sólo en el ámbito de la Galería, sino que también comenzamos una serie de cortometrajes con la ambición de que el arte se manifieste en todas sus facetas”.

Spot publicitario de la exposición inaugural “Contraste Simultaneo”

Ansiosas aguardan el día 22 de abríl en el que lanzan  “COMPROMISO DE SANGRE”, una exposición que rinde homenaje a Horacio Coll, artista Plástico (1931-2002) exponiendo sus mejores obras. “El evento tendrá como invitada especial a una figura de gran trayectoria en el arte”, dicen entre risas y añaden suspenso: “No queremos anticipar nada, en muy poquito lo sabrán”.


En este momento tienen abierta la convocatoria  “PEQUEÑOS RETRATOS 2012”, cuya exposición tendrá su lugar en Marzo 2012. “Estamos recibiendo trabajos brillantes de gente muy jóven, lo cual nos sorprende mucho” explica Agustina, quien además forma parte del staff del programa televisivo “Art-attack”.
Sumado a esto y dentro de las actividades solidarias, la galería realizará una subasta con cuadros donados para generar fondos para la Fundación F.H.E.R.S. De ese modo podrán difundir y promover el área artística que la Fundación propone.
Institucional. La galería se encuentra abierta todos los domingos de 16 a 20hs y los días de semana en los horarios previos a actividades en la fundación.
El espacio está situado en  la calle Las Heras 1357, en Vicente López. Tel 4718.2398.4797.8453

SIN TIEMPO PARA BELLEZA

Un hombre se sentó en una estación de metro en Washington DC y comenzó a tocar el violín. Era una fría mañana de enero. Interpretó seis piezas de Bach durante unos 45 minutos. Durante ese tiempo, ya que era hora pico, se calcula que 1.100 personas pasaron por la estación, la mayoría de ellos en su camino al trabajo.

Tres minutos pasaron, y un hombre de mediana edad se dio cuenta de que había un músico tocando. Disminuyó el paso y se detuvo por unos segundos, y luego se apresuró a cumplir con su horario.

Un minuto más tarde, el violinista recibió su primer dólar de propina: una mujer arrojó el dinero en la caja y sin parar, y siguió caminando.

Unos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escucharlo, pero el hombre miró su reloj y comenzó a caminar de nuevo. Es evidente que se le hizo tarde para el trabajo.

El que puso mayor atención fue un niño de 3 años. Su madre le apresuró, pero el chico se detuvo a mirar al violinista. Por último, la madre le empuja duro, y el niño siguió caminando, volviendo la cabeza todo el tiempo. Esta acción fue repetida por varios otros niños. Todos sus padres, sin excepción, los forzaron a seguir adelante.

En los 45 minutos que el músico tocó, sólo 6 personas se detuvieron y permanecieron por un tiempo. Alrededor del 20 le dieron dinero, pero siguió caminando a su ritmo normal. Se recaudó $ 32. Cuando terminó de tocar y el silencio se hizo cargo, nadie se dio cuenta. Nadie aplaudió, ni hubo ningún reconocimiento.

Nadie lo sabía, pero el violinista era Joshua Bell, uno de los músicos más talentosos del mundo. Él había interpretado sólo una de las piezas más complejas jamás escritas, en un violín por valor de 3,5 millones de dólares.


Dos días antes de tocar en el metro, Joshua Bell agotó en un teatro en Boston, donde los asientos tuvieron un promedio de $ 100.

Esta es una historia real. Joshua Bell tocando incógnito en la estación de metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de la gente. Las líneas generales fueron los siguientes: en un entorno común a una hora inapropiada: ¿Percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Una de las posibles conclusiones de esta experiencia podrían ser:

Si no tenemos un momento para detenerse y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo tocando la mejor música jamás escrita, ¿cuántas otras cosas nos estamos perdiendo?


Por: Josh Nonnenmocher

*Subido a Facebook por José Gabriel Londoño

LOS ARTISTAS QUE SE FUNDEN EN SUS OBRAS, VIVEN ETERNAMENTE EN ELLAS

Dios Guardián Cristalino de guitarras / que ahora / más tristes / penden y esperan / de tus manos la palabra / 
Precipitándome a lo insondable / tus caricias me despiertan a la vez / en un mundo diferente al de recién… / 
Tu luz es muy fuerte / es iridiscente y altamente psicodélica / 
Te encuentro cuando el sol abre una hendija / que genera notas sobre la pared sombreada / 
Y suena tu música en la pantalla / sos el ángel inquieto que sobrevuela / la ciudad de la furia / 
Comprendemos todo / tu voz nos advierte la verdad / 
Tu voz más linda que nunca

LA CULTURA BAJO LA MIRADA CUANTI-COMPETITIVA

Por Juan Ignacio Coda | ¿Siempre existe lo mejor? ¿El mejor amigo? ¿La mejor comida? ¿La mejor novela? ¿La mejor canción? ¿El mejor automóvil? ¿El mejor futbolista? Existe un ranking para casi cualquier cosa, poco escapa a la clasificación “cuanti-competitiva”. Quien haya utilizado Internet u hojeado una revista sabrá que constantemente estamos viendo las famosas 5 estrellitas de puntuación contándonos la opinión o la votación de la mayoría, la crítica o las estadísticas.
Es lógico que nuestro modo de clasificar y recortar la realidad sea similar entre las distintas partes que componen nuestras vidas, pero el problema llega cuando nos convertimos en especuladores cuanti-compulsivos frente a lo que sea que tengamos delante.
Todo es probado al rigor del número, de la estadística, de la puntuación y del ranking. Claro que debemos aplicarlos a la economía, a las matemáticas y a estadísticas censales pero en nuestras sociedades existe un creciente acostumbramiento a los números o rankings para calcular o expresar nuestro parecer ya sea para con relaciones personales, favoritismos de distinto tipo y, aún más preocupantemente, en el arte. Las descripciones cualitativas para describir nuestras preferencias están en decadencia y, cuando las hay, se cargan de palabras cada vez más vagas para cubrir espacios.
Para partir de un razonamiento certero podemos sostener sin exagerar que la competencia insita al perfeccionamiento de muchas cualidades humanas forzándolas a cuadrar bajo una misma escala, es decir, comparándolas, midiéndolas. Sin embargo, simultáneamente, la competencia unifica, limita y selecciona unidades distintas bajo criterios de clasificación comunes.
Desde ya que la clasificación y las mediciones en sus más variadas escalas son prácticas y hasta curiosas para ser aplicadas a muchos elementos de nuestra cultura, pero su doble significación en relación a su carácter de elemento competidor de entre muchos perjudica al libre juicio de las personas y a fomentar las carreras innecesarias hacia “Ser el más…”
¿Qué perderíamos de seguir ubicando  todo en la escala numérica, en el podio o en el ranking? Perderíamos su unicidad, de ser el poseedor de un sentido y de características únicas, aunque no extremas. Perderemos la unicidad en nuestros gustos, en nuestra sensibilidad, en nuestro juicio, perderemos todo esto porque aquello que deseamos no es capaz de alcanzar los extremos.Podríamos preguntarnos absurdamente ¿Cuál es el mejor?

Justamente la primera característica que deberíamos hacer surgir es la de su unicidad, la cual, no casualmente, es igual en todos. Cada uno es tan único como el otro y posee su valor en si mismo y no en relación a su ubicación en ninguna escala. Pero claro, sin relaciones que nos orienten ¿Quién será el que juzge su valor? Precisamente será la persona y no la competencia entre valores numéricos.

La libertad del espectador

Por Juan Ignacio Coda | Un muro contra el que todos nos chocamos en el mundo del arte es la interpretación forzada cuando algo no se nos presenta evidente a primera vista.
Gran cantidad de obras artísticas nos resultan tediosas porque nos mantienen horas pensando qué quisieron significar y nos generan la sensación de estar frente a un enigma en el que se nos pide tocar la tecla justa con nuestra interpretación.
No debemos pensar que hay que "entender" a los artistas, hay que mirar con nuestros ojos lo que ellos construyeron con sus manos. No es fundamental desentrañar lo que se quiso decir sino darle un sentido a su obra desde nuestra percepción, la cual no tiene por qué coincidir con la de otros sujetos.
¿A que viene tanta descripción acerca de las interpretaciones? Es sabido que abundan frases como "no entendí este cuadro/película/cuento" cuando en realidad sí tenemos algo pensado al respecto pero tenemos la sensación de que al artista jamás se le podría haber ocurrido tal cosa a la hora de crear su obra. Usualmente esta sensación de desencuentro termina por convertirse en apatía por la obra al no poder "descubrir" lo que sentimos que el artista pudo haber querido decir.
A lo que voy es que esto no debería suceder así. En el arte tenemos derecho a sentir que no estamos en sintonía con lo que nos parece más esperable que el artista haya querido decir y a darle un nuevo sentido a lo que estamos viendo.
A la hora de interpretar todo vale. Darse cuenta de que uno tuvo una interpretación divergente a la de los "especialistas" (críticos, teóricos) del arte, no quiere decir no entender, sino entender distinto. La subjetividad nos permite interpretar y nos da la oportunidad de intervenir, aunque no siempre nos resulte controlable, lo que estamos viendo.
Debemos saber que las grandes obras maestras no son llamadas así por significar una sola cosa, sino porque se puede acceder a ellas desde muchos ángulos distintos. No existe una única manera de entender a Shakespeare, a Da Vinci, a Rodin o a Bergman sino que debemos atrevernos a interpretar con nuestros ojos lo que ellos hicieron sin intervención de críticas o retoques ajenos.
La libertad a la que nos arroja el arte también se nos revela a la hora de ver y no solo de hacer, por eso cuando contemplemos una obra de arte estemos nosotros solos parados frente al autor y su obra y no frente a críticas o interpretaciones intermedias.

Los tiempos del cine antiguo

Por Juan Ignacio Coda | El cine antiguo, ¿por que huirle? ¿Es que no tienen valor esas imágenes en movimiento tomadas hace más de 50 o 70 años? Es sabido que el grueso de la sociedad (y quizás el lector también, no lo culpo) hoy prefiere films de los denominados “estrenos televisivos” que pasan por televisión los fines de semana. La cantidad de veces que puede ser visto un film al año (si alguien pudiera contarlo) como It’s a beautiful life  (Qué bello es vivir) (1946) de Frank Capra es casi nulo si lo comparamos con la cantidad de veces que se ve, por ejemplo, Shrek (2001). Todo esto teniendo en cuenta la notable actualidad que aún posee el film de Capra. La pregunta (aunque ya sospechemos algo) es ¿por qué?

Lo que se suele escuchar si uno pregunta es quizás compartido y conocido por muchos: “El cine “viejo” (usualmente en blanco y negro) es aburrido, lento, monótono, no sorprende y es ingenuo en sus argumentos, personajes, giros y vueltas.”

Lo que nos hace despreciar u olvidar lo pasado es en general un espíritu lucrativo en el que se encuentran sumergidos muchos films de hoy en día
, un ámbito en el que se lucha, sin importar cómo, por ser el primero en ser presenciado. Se han cambiado ritmos, formas y maneras de contar en el lenguaje cinematográfico de distinto tipo, variedad y clasificación técnica. Lo que la gran mayoría de todos estos cambios tienen en común es una cosa: la búsqueda por ganar la mayor espectacularidad, cosa que aplicado en la realización de films actuales terminó por olvidar fuertemente la historia que se pretende contar. Esto no seria un problema si no fuera llevado a un extremo, podrían coexistir el cine que muestra “momentos gratos a los ojos” y cine que cuenta historias, o mejor aun, una combinación entre ambos. Como resultado esta tendencia a no contar historias sino a mostrar momentos se termina por crear un público más, como los empresarios del arte dirían, “demandante” de ese tipo de formas narrativas. Lo que nos genera es un deseo inalcanzable de ver más y más imágenes en movimiento perdiendo su carácter de conformantes de una historia. Todo esto pensémoslo en reilación al ritmo de urgencia permanente en que parecen vivir las sociedades actualmente. Lo que nos muestra el cine es la continuidad de ese ritmo en una pero a la vez en todas las sub-esferas sociales, es decir, al deber estar en armonía con la vida que se lleva el cine hace todo su esfuerzo por correr a la par de las ciudades, de los autos, los trenes, de los ajustados horarios de trabajo, la interminable cantidad de programas televisivos, Internet, celulares, computadoras, mensajes de todo tipo, en resumidas cuentas, la velocidad de la luz aplicada a la comunicación en cualquiera de sus formas.
Lo que sabemos es lo que se ha dicho, pero ¿Entender a nuestra sociedad, a sus realizadores cinematográficos o a su público es agachar la cabeza “al futuro” o a “lo que se viene” sin más? Se nos han dado efectos especiales, escenas de disparos, acción, ritmo pero a la vez nos han quitado del alcance de la mano formas del cine antiguo. ¿Por qué un film mudo debe causar risa en la gente al ser mencionado? ¿Es que acaso no se leen libros escritos hace más de 500 años, cuál es el problema con ver un film de hace solo 80? Se nos ha hablado siempre de un progreso lineal de la “calidad cinematográfica” y se convirtió en algo creíble cuando vino acompañado de las tecnologías electrónicas, pero eso no quiere decir que no se pueda extraer nada de un film mudo, que deba sea visto como cosa de niños o como algo superado por el pensamiento y la experiencia.
La principal traba del presente es no disponer de la visión que se requiere del cine antiguo para poder concebirlo como lo que es y para quién fue hecho. Es decir, si los integrantes de nuestra sociedad de hoy en día no transitaron durante la formación de su personalidad y no cuentan dentro de sus experiencias previas al modo narrativo del cine antiguo tampoco podemos pretender que lo vean como se lo concibió en su origen. Pero aquí es que deseo revelar mi propuesta: Hay algo más de lo que nos podemos hacer para enfrentarnos a creaciones culturales distintas a las de nuestro tiempo, eso son las expectativas frente a lo desconocido por llamarle de algún modo. Teniendo en cuenta que estas expectativas podrían determinar fuertemente todo lo que percibamos durante los minutos que estemos sentados frente a la pantalla quiero acercar la visión que se tenia del cine antiguo en sus años de auge. Creo que nos ayudaría tenerlas presentes para sentarnos a ver un film de cine antiguo sin levantaros a los 20 minutos decepcionados por la falta de interés que nos genera.
El elemento más fuerte del cine antiguo que es olvidado hoy en día es la historia que se cuenta. Pensemos en la gente de la década del 30’, 40’ y 50’yendo al cine, actividad por sabido grupal y que se realizaba con mucha más frecuencia que hoy en día. Lo que se iba a ver era una historia olvidando dónde se encontraban y sin apreciar el fenómeno de la proyección de imágenes sobre un fondo blanco como algo sorprendente en si mismo sino maravillándose por el poder de un medio para “embotellar” cuerpos, movimientos, tramas, personajes y, llegado su momento, diálogos que solo en un libro podían vivir hasta el momento con tal coherencia. Pero claro, el cine contaba con un lenguaje mucho más próximo al cotidiano. En el cine de aquellas décadas se olvidaba, muy convenientemente debo decir, el estar viendo a un personaje, se veían seres tan vivos como las personas que  hace unos instantes les habían vendido los boletos para entrar en la sala. Era inimaginable una frase de las que hoy abundan como “no me da miedo, ya sé que es una película”. La gente se asustaba, reía y lloraba como lo hacia en su casa. Se pensaban las situaciones en una sintonía mucho más fuerte con la de los personajes, se pensaba por ellos y se vivía su situación. Se entendían los ritmos (hoy llamados “lentos”) porque, al no ver un film sino que un pequeño recorte de la vida de ciertas personas, se convenía con la narración que en la vida, tanto de los espectadores como de los personajes,  los sucesos no se nos vienen encima como avalanchas sino que hay procesos más largos o más cortos pero cada uno necesita su tiempo apropiado.
Por eso es que propongo ver cine antiguo con los ojos para los que fue pensado, para vivir a los personajes y no pedirles acción desenfrenada, seguir esa pretensión seria seguir el camino de la separación total del arte con la vida y el de ver cada vez más personajes que personas, de ver más construido que verosímil. Para ver cine antiguo no debemos pensar en un “programa” de los que hoy se nos viene a la cabeza como el de una salida con amigos al cine porque seria una idea que no se corresponde a una “salida con amigos” de la década del 40’, nos toparemos con otro ritmo seguro y en verdad está más en nosotros que en el film el que nos agrade. Desde ya puede que, como dije, el cine antiguo no nos agrade y estamos en nuestro total derecho de que nos suceda, a la gente en los 30’, 40’ y 50’ también les sucedía, pero este artículo no está motivado por el fin de lograr más vistas de films de cine antiguo sino ayudar a quien se sienta inseguro o quiera comenzar a ver otro tipo de cine destinto al actual, un cine que sea una ventana a otro mundo y que nos haga olvidar, en el apurado y artificial clima en que vivimos, que ha sido actuado y montado para nosotros .

La incertidumbre y el cálculo, otro método literario

Aquellos allegados al ámbito de la literatura les parecerá un exceso mi presentación dirigida a Enrique Vila-Matas, uno de los grandes escritores contemporáneos. Es caballero de la legión de Honor de Francia, entre otros obtuvo los premios Ciudad de Barcelona; Rómulo Gallegos y el de la Real Academia Española. Está llamado a ser el próximo premio nobel de literatura habla hispano, pero por ahora son puros anhelos y conjeturas.

Así como un hincha del fútbol se pregunta, ¿Cómo entrenan Messi, Xavi y Pique? ¿Cómo llegaron a ser tan buenos con una pelota en los pies?, uno quisiera saber de qué forma los mejores en materia de literatura llegan a escribir textos de tantísima calidad.



Está claro que no hay un “método literario” pero por sus últimas declaraciones publicadas en la revista “Ñ”, Vila-Matas asegura que escribe para averiguar de “qué quiere hablar”, es decir, sus finales, sus personajes, su realidad ficticia, no responden a una planificación previa, sus historias se componen con el propio hábito de la escritura. El mismo autor es quien escuchó las declaraciones de Juan Benet quien decía ir por la página 400 de su novela y todavía no saber de que trataría. Vila-Matas utiliza ésta referencia para definir lo que es la escritura.


Todas estas ideas de lo que es la práctica de escribir me sonaron muy extrañas, muy ajenas. Todavía no salgo de mi asombro. Uno de los más brillantes escritores, tan solo se sienta a escribir “sin censuras” según propias declaraciones de lo que se le “atraviesa”. Y de esa gran cantidad de espacios, palabras, y comas, surgen las más elogiadas novelas. Acaso ¿será verdad que no hay que creerles NADA a los novelistas?


Como antítesis, el escritor argentino Martín Kohan plantea lo contrario. “Para comenzar a escribir, es necesario haber calculado todas las posibilidades y disparadores donde pudriera finalizar la historia”. Se lo ve como un obsesivo de la escritura, diciendo que “cada palabra tiene su peso, su textura y sus dimensiones, equivocarse en el uso de alguna es comparable con la desafinación de un cantante que no nos permite meternos de lleno en la letra de la canción”. Más humilde que Vila-Matas, Kohan (entre otros títulos publicó “2 veces Junio”, “Ciencias Morales” y “Segundos afuera”) muestra su forma de escribir tan solo como una de las formas, y enfatiza al decir: “en algún momento el propio texto nos dice para donde quiere ir, y uno tiene que tener la flexibilidad para escucharlo y corregirse” Sin embrago, difícilmente Kohan utilice la tinta sin antes tener el diseño de lo que quiere escribir.


El autor argentino, también le da mayor importancia a las motivaciones que resultan disparadores del texto. Se puede decir que antes que palabras hay una planificación y un diseño, pero antes que eso, el punto germinal de la novela, serán las motivaciones que el propio autor tiene por la escritura.


¿Por qué será que dos grandes escritores tienen métodos tan opuestos? Una buena respuesta podría hallarse al indagar en la personalidad de cada uno. Mientras Vila-Matas es fanático de la incertidumbre, de “lanzarse al vacío”, el mismo Kohan es quien reconoce que “le teme a la incertidumbre”, con muchísima seriedad sentenció “Si fui dos veces a un bar y me pareció cómodo, ¿Por qué ir en busca de otro?”.


La sensación final es fácil de describir, los dos hacen literatura y su firma en un libro es una autentica garantía. Unas palabras me han sonado más parecidas a las de un científico que suma, resta y divide muy cuidadosamente, no solo sus ideas, sino la locomoción hacia ellas que serán sus palabras, sus cadenas sintagmáticas y sus rimas. Mientras que otro tiene una impronta metódica más símil al de un artista plástico, quien subrayó que sus mejores textos los escribe al salirse de la rutina.