De Perón a Zulma Lobato

Qué lindo era ver CQC. Aquel programa de “humor político”, donde todos los personajes del ámbito quedaban en evidencia, en aprietos. Un programa de continuos careos entre periodistas y funcionarios que estaban en falta.
Lástima que el programa cada vez se parece más al Zapping de Horacio Cabak que al periodismo comprometido. Si bien CQC siempre le dio espacio a la farándula, el programa cambió su esencia. 
Ya no incomoda a ningún político, no le da nervios a nadie. Solo abundan las risas entre tanta cantidad de notas de color. El programa lograba algo único, generaba situaciones graciosas de situaciones realmente tristísimas. Un funcionario que se apropia de una donación, contado de cualquier manera solo da bronca, pero CQC cumplía esa función social que generaba cambios y a su vez transformaba esa situación en una comedia.

Supuestamente Gonzalito se fue de la conducción para dedicarle más timepo a las notas politicas. Esperemos que cumpla y el programa retome el camino que tan bien supo llevar, en momentos tan difíciles.

Fronesis

La anómia periodística ya es indisimulable. La gestión kirchnerista se volcó sobre todos los multimedios, quitandoles credibilidad al máximo. No dudó en crear su propio grupo de medios para abastecer a los adictos.

Las ideas hegemónicas trabajan en nuestra cabeza todos los días… Allá por el 2008, ver a Nestor Kirchner levantando la bandera de: “Todo Negativo” sonaba a no le gusto una noticia, ya se le va a pasar. A tres años del episodio se ha ejercido una coacción tal que tenemos asumidas ciertas premisas e ideas hegemónicas nuevas. Ya no sabemos en que medio confiar…

Una de las principales reglas periodísticas se basa en el pacto de lectura. En él es imprescindible la confianza. Lo último que puede arriesgar un medio.

Algo que nos enseño 678 es que el periodismo corporativo existe, está ahí, siempre lo estuvo, pero ahora este programa lo deja en evidencia. Lo que no nos dice es que el periodismo militante no existe, son conceptos contradictorios. Entonces sus panelistas se transforman en propagandistas puros desde el primer silencio. La audiencia interesada se encontra inmersa en la misma anómia… ¿A quien hay que creerle?

Lo cierto es que existe una premisa instaurada en todos aquellos que seguimos los medios: “El sentido objetivo del periodista ha muerto”… Si habla Lanata, es el empleado del mes, si habla Barone, es empleado del gobierno, si habla Morales Solá es lo hace en nombre del multimedios, si habla Grondona, estuvo con los militares.. Todas razones por las cuales no creerle a ninguno…

El concepto de Fronesis… ¿Es real? ¿O quedó en la antigua Grecia junto con Platón y Aristoteles?